lunes, 4 de noviembre de 2013

"La Union 2ª Parte"



Rober atenuó las luces de aquella habitación y encendió la cadena de música, era algo melodioso y se escuchaba bastante bajita como…lejana. Se acercó a un armario y saco varios juguetes, una fusta,, unas velas, unas cuerdas, un vibrador y un plug anal, el cual era una hermosa cola de perro con la que Carla se vería preciosa.
-Ponte a cuatro patas, Carla-dijo en un tono bastante autoritario.
Carla hizo caso y al instante estaba a 4 patas sobre aquella maravillosa y enorme cama de 2x2m. Echa un manojo de nervios su cuerpo temblaba…temblaba de excitación y miedo, pero a pesar de todo cada vez que oía su voz más se humedecía.
Rober comenzó a acariciar el pelo de Carla, continuo con su espalda hasta llegar a su ano. Carla contrajo sus músculos y tenso todo su cuerpo.
-Carla sé que esto es difícil para ti. Cuando hablamos de tus límites este era uno de ellos. Solo quiero que te relajes y confíes en mí. Cuando necesites que pare, házmelo saber, di tu palabra y me detendré. ¿De acuerdo? ¿Has hecho lo que te pedí antes de la cena?- Dijo en un tono tranquilo y acariciándome sin parar.
-De acuerdo, señor. Si, hice lo que me pidió. Esto…intentare estar lo más relajada posible para usted- dijo mientras se ruborizaba pensando en el enema que le mando aplicarse aquella tarde se Amo.
Rober cogió el lubricante y lo hecho en su dedo con el que comenzó a masajear el ano de Carla, ella intentaba estar lo más relajada posible, pero aún así su respiración era bastante altera y su cuerpo temblaba levemente. Según se iba relajando y se entregaba más, su ano empezaba a responder y a dilatarse poco a poco. Cuando Rober sintió que el ano de Carla respondía a sus estímulos, cogió el plug y lo acerco a la boca de Carla.
-Carla, chúpalo y hazlo bien, contra más mojado lo dejes mejor entrará- decía mientras sonreía orgulloso de su perra.
Carla chupo el plug como una buena perra, saco su lengua y lo empapo con su saliva, lo lamio varias veces hasta ver como brillaba por las babas que había en él.


-Ya está, señor- dijo Carla cuando pensó que el plug y ella estaban más que preparados.
-Mmm, muy bien. Eres una perra muy obediente- era la primera vez que la decía aquello y sonó como música en sus labios- Los has dejado empapado.
A pesar de que el plug había quedado bien lubricado por las babas de Carla, Rober cogió el lubricante y echo un poco más, acto seguido vertió lubricante en sus dedos, siguió masajeando el ano de Carla hasta que sus dedos entraban y salían sin dificultad de su ano. Cuando Rober creyó que  estaba preparada cogió y poco a poco fue introduciéndolo, haciendo círculos y empujando muy, muy despacio. Pues podía sentir como Carla se estremecía y estaba seguro que alguna lagrima se había escapado de sus ojos. Pero allí estaba ella entregada y sumisa a su Amo.
Por fin entro el plug y Carla se veía preciosa
-Muy bien Carla, ya eres una perra, ya eres mi perra- y acaricio suavemente el pelo de Carla
-Muchas gracias, señor- dijo satisfecha de a ver echo aquello por y para su Amo.
-Solo falta una cosa y estarás completa-abrió un cajón y saco una correa. Era una cadena, con un agarrador de cuero negro, la engancho a la anilla del collar. La miro a los ojos y la dijo:
-Ahora si estas completa.¿ Sabes perra? Te ves preciosa-dijo casi emocionado.
-Muchas gracias señor.
-Bueno…comencemos. ¿Estás preparada perra?
-Sí, señor- todo su cuerpo temblaba bajo el dominio de Rober.
-¿Recuerdas tu palabra? Dímela-ordeno en un tono bastante serio.
-Sí, señor. Mi palabra es Ron- su voz vibra intensamente como si fuese a romperse.
-Recuerda mi perra, usa tu palabra cuando la necesites y cuando lo necesites. No me voy a enfadar, ni te voy a castigar por ello. Y…Carla si la usas no me defraudas. Úsala si la necesitas

-De acuerdo, señor.
-Recuerda también, amarillo y rojo. Amarillo mantendré la intensidad y rojo cambiaré completamente la actividad- miró a Carla a los ojos y observo su cuerpo desnudo, adornado únicamente por un plug, el collar y la correa


TO BE CONTINUED…

martes, 29 de octubre de 2013

Para Todos Los Que Me Leeis

Hola, a tod@s y muchas gracias por leerme y darme un trocito de vuestro tiempo.
Escribo cuando puedo y me siento inspirada, solo deciros que agradecería muchísimo que a parte de que leyeseis me comentaseis para saber que os parecen los relatos. Una vez más MIL GRACIAS.

martes, 22 de octubre de 2013

7 Días En El Paraíso (2º partte)

Termino de vestirme y salgo del baño, miro aún lado y a otro, pero no veo a Jaime, doy un par de pasos más hacia delante y lo veo recostado en un sillón descansando con los ojos cerrados. Está tan guapo… su rostro está totalmente relajado al igual que el resto de su precioso cuerpo, su pecho se elevaba tranquilamente arriba y abajo, una de sus manos sostiene su cabeza y el otro brazo descansa colgando de brazo del sofá.
Me acerco y le llamo:

-Jaime, venga, vámonos- se despereza y abre los ojos poco a poco, mirándome fijamente.

Aquel momento me dejo sin aliento, se le veía tan frágil, tan tierno, era como niño pequeño en busca de su mamá. Pero él me buscaba a mí.

-¿Lìlian?-pronuncio mi nombre mientras terminaba de abrir los ojos.

-Dime, Jaime-le dije acercándome a él y revolviéndole el pelo.

-¿Llevas mucho tiempo ahí?-dijo con cara de preocupación.

-Apenas 3 minutos, Jaime, vamos Madrid nos espera.

Jaime se levantó y cogió sus cosas. Una cartera que guardo en el bolsillo trasero de sus vaqueros y un móvil que se metió en uno de los bolsillos de delante de su pantalón.

La verdad es que estaba guapísimo, llevaba una camiseta azul que se ajustaba a su bonito cuerpo, que no era delgado, si no, que estaba algo tonificado del gimnasio y un pantalón vaquero que marcaba a la perfección ese culo tan prieto.

-Vámonos, Lìlian- dijo en un tono divertido invitándome a salir de la habitación, con unos de sus brazos extendidos señalando a la puerta abierta que sostenía con el otro brazo. Le dirigí una sonrisa picara y Salí de la habitación delante de Jaime, el cual, me dio un azote al pasar por allí. Soltó una sonora carcajada y dejo caer la puerta de la habitación que se cierra sola mientras nos dirigimos al ascensor caminando por el largo pasillo.

Charlamos animadamente hasta llegar a un famoso barrio de Madrid para dejar el coche y dirigirnos al metro, para ir hacia el centro de la ciudad donde pasaríamos casi todo el día.

A las 11:30 entramos en el metro, muy sonrientes y contentos por habernos encontrado al fin.

-¡Vaya!- exclamó Jaime al ver la cantidad de gente que se agolpaba en el metro a esas horas y que apenas te dejaban respirar.

-Me alegro de tenerte aquí y poder apretarme contra a ti- le dije sonriendo traviesamente.

-¿A sí?- contesto Jaime con esa media sonrisa que delataba que algo estaba tramando.

-Dime, ¿Qué piensas?- le dije dándole un pequeño pellizco en el antebrazo y sonriendo.

-¿Deberás, quieres saberlo?- me dijo acercando su boca mi oído, causando que me ruborizada como el solo sabía hacerlo.

-Claro, me encantaría saberlo- dije divertida.

- ¿No crees, que este sería un lugar perfecto para exhibirte, perrita?-dijo haciéndome humedecer en el acto.

-Pero…eso…eso es una locura, Jaime-Dije mientras jugueteaba nerviosa con mis manos.

-Mmm, ¿No te lo imaginas, perrita?-decía mientras acariciaba mi cuello-Tu espalda pegada a mi pecho, cuando comienzo a acariciar tus pechos y a bajar mi mano hasta llegar al borde de tus pantalones…cuando de pronto meto mi mano dentro y comienzo a masturbarte, sintiendo como te ruborizas y empiezas a humedecerte. Cuando todo el mundo te este mirando y estés apunto de correrte parare porque te quiere así, siempre húmeda, siempre lista para mí.

Sentía como me ardía la terriblemente la cara y otras partes de mi cuerpo también. Estaba terriblemente excitada y podía notar lo bien que se sentía Jaime al verme en aquella situación, un tanto humillada pero muy excitada, tanto que sería capaz en aquel momento de hacer lo que me pidiese, aun que fuese delante de toda aquella gente. Jaime me aportaba la seguridad que me faltaba para hacer aquellas cosas.

Al fin llegamos a nuestra parada “Sol” al salir de la estación le enseñe la plaza, la famosa pastelería “La Menorquina” donde venden los mejores roscones de reyes, el famoso reloj de sol donde dan las campanadas y donde por un momento nos imaginamos pasando una noche vieja allí como dos chiquillos enamorados. Cuando acabamos de ver la plaza nos dirigimos a gran vía, subiendo por la calle que da a la plaza de Callao, hablando tranquilamente y poco a poco sin darnos cuenta queriéndonos aún más.

Al llegar a Callao decidimos tomar algo en el Starbucks que había en la plaza, la verdad es que no había mucha gente y por suerte quedaban un par de sofás libres al lado de la cristalera que daba a la abarrotada plaza.

Nos encontrábamos enfrascados en una animada conversación, cuando:

-El siguiente-dijo la chica morena de detrás de la barra dirigiéndose a nosotros y mirándonos fijamente a ver si reaccionábamos.

Cuando nos dimos cuenta avanzamos un poco

-¡Buenos días! ¿Qué van a tomar?-dijo con una gran simpatía y una enorme sonrisa en el rostro.

-¡Buenos días! Para mí un frapuccino normal de chocolate, ¿y para el caballero?-añadí cediéndole el paso a Jaime para que pidiese.

-Para a mí…-dudo un segundo- otro igual, por favor.

Como apenas había gente en la cafetería ella misma nos preparo la bebida y nos la sirvió en la barra, nos dedico una última sonrisa y se giro para seguir trabajando. Nos dirigimos a los sofás que quedaban libres. Ambos nos sentamos y nos dirigimos una mirada un tanto oscura…llena de ansiedad, de ganas de que me hiciese suya y el de tenerme a sus pies. Le dio un sorbo a la bebida y dijo:

-Veo que te gustan las cosas dulces-forzó una sonrisa y dirigió su mirada a través de la ventana, pensativo, como lleno de dudas.

-Jaime, que piensas, dime, ¿Qué pasa?

-Lìlian, debemos y tenemos mucho sobre lo que hablar-dijo pausadamente-limites, limitaciones, hasta donde estas…digo estamos dispuestos a llegar.

Es cierto antes o después teníamos que tratar todo aquello, era muy importante tanto para él como para mí. Había límites infranqueables y otros que con la seguridad y la confianza que él me transmitía dejarían de serlo. Pero aquel no era el momento ni el lugar.

-Claro que si, Jaime. ¿Qué te parece esta noche después de cenar, en la terraza del hotel?-a pesar de intentar parecer tranquila, estaba hecha un manojo de nervios, aquella situación…hablar…hablar no era lo que mejor se me daba, pero tenía que hacerlo. Quería a Jaime, lo quería como Amo y para ello tendría que abrirme a él y a sí lo haría.


-Me parece muy bien, cuanto antes hablemos y lo pongamos todo en común antes te hare mía y al fin podre ponerte mi collar.



7 días en el paraíso (1º parte)

Pipipi, pipipi...umm, me desperezo y rebusco bajo la almohada el móvil para apagar la alarma, o se despertara todo el vecindario, si no la apago pronto. Son las 6:15, tengo que ducharme, arreglarme y llegar a la estación antes de las 8:30. Más vale que me de prisa o no llegare.

Doy un brinco y me levanto de la cama, la hago todo le deprisa que puedo, coloco los peluches y abro el armario, lo miro detenidamente y escojo la ropa que me voy a poner. Saco un vaquero color blanco y una camiseta azul marina con un dibujo negro en el centro que hace juego con mis zapatos azules marinos, mis preferidos.
Dejo la ropa encima de la silla, enciendo la música y empieza a cantar India Martinez, junto a ella me meto en la ducha. Abro el grifo, cojo la esponja y comienzo a enjabonarme con mucha precisión todo el cuerpo, pongo un poco mas de énfasis en mi entrepierna, al hacerlo rozo mi clítoris y un escalofrió recorre mi cuerpo...pero no hay tiempo para eso, a si que, cojo el champú, masajeo mi cabeza suavemente y por un segundo me pierdo fantaseando con lo que sucederá en el día de hoy. Me aclaro y salgo, cojo una toalla, seco el exceso de agua que hay en mi cuerpo y me enrollo en ella, cojo otra y sacudo grácilmente mi pelo, llenando la estancia de gotitas. Decido dejar que se me seque el pelo al aire, a si que, devuelvo la toalla a su lugar.

Salgo del baño y entro en la habitación, una vez allí dejo caer la toalla al suelo, abro el cajón de la ropa interior y saco un conjunto blanco, me lo pongo y seguidamente hago lo mismo con la camiseta y el pantalón que le cuesta entrar a causa de la humedad de mi cuerpo. Enchufo el secador y elimino lo más que puedo la humedad de mi pelo, cojo la plancha que antes había enchufada para que fuese cogiendo temperatura y plancho mi pelo en abundantes mechones porque se me echa la hora encima. ¡Ya está! mi pelo esta más o menos domado.
Me pongo frente al espejo y acerco mi set de maquillaje, saco un lápiz azul y dibujo una línea lo suficientemente gruesa en el parpado superior para que se vea, seguidamente me echo el rímel, perfilador, un poco de color en las mejillas y un sugerente rojo para los labios.

¡Ya casi estoy! me pongo los zapatos, cojo una chaquetita fina, mi bolso, me miro por última vez en el espejo, me atuso el pelo y me roció un poco de perfume.
Salgo de casa y mientras voy al coche busco las llaves en el bolso y... ¡Aquí están! en lo más hondo y escondido del bolso. Abro el coche, me acomodo en el asiento y arranco el coche, una musiquita agradable y con ritmo sale de alguna emisora de radio. Doy marcha atrás y me dirijo a mi destino, todo el camino transcurre con normalidad, hasta llegar a gran avenida llena de semáforos que me desespera, apenas avanzas 100m y otro semáforo más y así hasta el final, que es donde se encuentra la estación de tren. Pero aún no ha llegado lo peor, espero que haya sitio cera, porque va a llegar el antes que yo a recogerle.
Empiezo a ponerme nerviosa y comienza a temblarme el pie del embrague, al darme cuenta respiro hondo y círculo un poco más, cuando por fin encuentro un sitio. Vaya de los nervios no atino a aparcar el coche, adelante, atrás, giro un poco y... ¡Por fin dentro!, apago el coche y un mensaje entra en mi móvil.

               "El tren esta parando
                Ya estoy aquí. Me muero
                De ganas por tenerte
                Entre mis brazos y
                Mía."  
 
Mierda, mierda y mil veces mierda, no me va a dar tiempo a llegar. Cojo mi bolso, cierro el coche y echo a correr, tengo que atravesar toda la estación, por suerte es en línea recta y sin subir ni bajar escaleras. Corro todo lo que puedo y mientras lo hago, noto como la gente me mira impresionada de mi habilidad sobre los tacones.
Al llegar al recibidor donde desembarcan las llegadas, me paró en seco, aún estoy algo lejos de la puerta de llegadas. Veo como empieza a salir la gente, miro a un lado y a otro pero no lo veo, respiro hondo y de repente aparece con una gran sonrisa. Me doy cuenta que me busca con la mirada y no tarde ni 3 segundos en encontrarme. Se da cuenta que tengo la respiración y los mofletes algo ruborizados de la carrera, nos miramos fijamente a los ojos por un segundo y reemprendo mi carrera hacia él. Mientras él se ha parado ya fuera de la cinta con una gran sonrisa y los brazos en jarra, cuando estoy a punto de llegar a él abre los brazos y nos fundimos en un enorme abrazo. Cuando nos quedamos mirándonos unos segundos y rompo el silencio:

- ¡Jaime! que alegría tener aquí creía que no te vería nunca y por fin...- Debido a los nervios y a las ganas de que llegase el momento mi voz se había roto y unas lágrimas salieron de mis ojos.

- Shss no llores ya...- Apenas le deje acabar la frase.

- No te preocupes son lágrimas de alegría de que no veía la hora en que llegases- Me calle y le mire detenidamente a los ojos.

Vaya que guapísimo está y se le ve tan feliz, mientras perdía en mi pensamiento noto como la mano de Jaime se enreda en mi pelo y tira levemente de él hacia atrás para dejar mi boca a su alcance. Se inclina y nos unimos en un apasionado beso, nuestras lenguas bailan una danza salvaje y su mano agarra cada vez más fuerte mi pelo. La intensidad de aquel beso crecía y crecía cada vez más delante de la mirada de toda aquella gente que nos miraba sin el más mínimo reparo.

Para detener aquel arrebato de pasión apoye  mis manos en su pecho que estaba terriblemente agitado y le empuje levemente. Al separarnos, nos miramos, nos sonreímos y encaminamos al coche.

- Bueno, Lìlian, ¿Qué vamos a hacer ahora?

- Primero iremos al hotel para que dejes tus cosas, luego dejaremos el coche, cogeremos el metro y pasearemos por Madrid. ¿Te apetece?- Mi voz aún sonaba muy excitada, pero es que...toda yo estaba excitadísima

-Lìlian- Jaime me agarra la mano y me acaricia- Ya estoy aquí y no pienso irme a ningún lado. Relájate o apenas llegaras al coche.

Una carcajada salió de su boca. Vaya que sonido más maravilloso y que bien le sienta la risa a su rostro... ¡Es tan perfecto!

-Dime, ¿Donde está tu hotel?

- Ah, sí, se me había olvidado comentártelo- baja la voz y continua la frase- Mi perrita piloto.

Mis ojos se abrieron de par en par, mientras Jaime reía y me miraba curioso. Este hombre me vuelve loca con solo 3 palabras y ya estoy empapada.

- ¡Jaime!- grite su nombre, mientras me daba un azote- ¿Por dónde queda tu hotel?

- Ah, eso...sí...toma- Me tiende una hoja en la que pone la dirección del hotel y la reserva.

Entramos al coche y agradezco un poco de intimidad, un poco de espacio, para él, para mí, para nosotros.

Arranco el coche y Jaime apoya su mano sobre mi muslo y al contacto de su piel con la mía, mi bello se eriza y Jaime me mira burlón, está muy gracioso.

- Muy buena elección al del hotel, es bastante lujoso, pero siempre tiene muy buenas ofertas. Además tiene unas vistas increíbles, enfrente del mejor parque de Madrid. ¡Eh!- Digo intentado romper aquel silencio que me tiene el bello de punta.

- Sí, la verdad que está genial, la habitación es amplia y el baño también, aparte de eso, arriba ahí una terraza que por la noche se ve preciosa...- Su voz a tomado una luz un tanto oscura- ¿Qué te parece, perrita?

¡Agh! me pone enferma cada vez que pronuncia esa palabra y él lo sabe. Sé de sobra que está jugando, lo noto en sus ojos y en la media sonrisa que se le ha dibujado en la cara.

- Esto...sí...me parece genial, promete- conseguí decir mientras Jaime acaricia mi pierna.

La verdad es que aún es pronto el tren a llegado a las 8:30 y a pesar de todo a penas vana a dar las 9:00. Ya llegamos y ante nosotros aparece el gran pulmón verde de Madrid " el Retiro. Miro de reojo y veo como mira embelesado el parque, me encantaría saber qué es lo que piensa, la verdad que esta guapísimo así, relajado y tranquilo.

- Jaime- Pronuncio su nombre y lo saco de su ensoñación.

-Sí, perrita, ya lo sé, parece que hemos llegado- Me acaricia la cara y vuelve su vista al parque.

Parece que algo le apena, pero no es el momento, luego cuando desayunemos charlaremos tranquilamente. Aun que imagino lo que es... pobre Jaime lo está pasando fatal. Su padre lleva un tiempo enfermo y Jaime está fatal, él intenta estar bien pero a veces se viene abajo. Me encantaría tenerlo a mi lado siempre para poder abrazarle y decirle que no pasa nada.

- Jaime, vamos. Con la suerte que me has dado hemos aparcado bien cerca- Digo y le doy un pequeño codazo que le hace sonreír.

- Venga alegra esa cara. Mira como tu perrita mueve el culo- Me pongo delante de él y empiezo a caminar moviendo exageradamente las caderas y el culo. Lo oigo reírse y también como acelera el paso, a si que, antes de que llegue me doy media vuelta y ladro "guau". Jaime romper a reír por que en ese mismo momento pasa un hombre que nos miró y sonrió amistosamente.

-Lìlian, eres de lo que no hay, deberás- Dice intentando ponerse serio, pero apenas lo consigue.

Río a carcajadas mientras hago de rabiar un poco a Jaime.
Llegamos al hotel y nos recibe un enorme hall decorado con muy buen gusto. A la derecha del hall se encuentra la recepción, a la que Jaime se dirigió nada más llegar, mientras yo andaba curioseando de aquí para allí. Unos sillones de piel carísimos, unas lámparas enormes colgadas del techo y unas preciosas escaleras cubiertas con maqueta roja llamaron mi atención. Parecían las de un cuento, cualquiera se sentiría una perrita con suerte bajando de la mano de su amo por esas escaleras.

-Lìlian ¿Me acompañas a dejar esto en la habitación?- Dice Jaime desnudándome con la mirada. ¡Dios! me vuelve completamente loca.

-¡Sí! ya voy- llego y pulso antes que él pueda hacerlo el botón del ascensor- Lo miro y le saco la lengua.

- Mmm, veo que estás muy contenta ¿A qué se debe?- Pregunta con una gran ironía.

Y siguiéndole el juego le digo:

-¡oh, Jaime!, ¿Deberás que no lo sabes?- Le digo mientras me mira con los ojos muy abiertos- Pues deberías ¡por que el motivo eres tú!- Le digo mientras le señalaba con el dedo y movía un pie a la vez.

Jaime se reía mientras se acercaba a mí. Esa sonrisa no presagiaba nada bueno, o quizás, sí quien sabe.

- Señorita, ¿Le parece bonito apuntar a su Amo con el dedo?- Decía mientras seguía acercándose a mí.

- Yo...esto...yo... ¡Auch!- Jaime me había agarrado la muñeca se llevo la mano a la boca y me mordió el dedo.

- A sí aprenderás a no señalar, es de mala educación- El rostro le cambio por completo y su mirada se volvió oscura.

Jaime se dio la vuelta y empezó a acomodar su ropa en el armario, mientras le observaba atónita desde la otra punta de la habitación.

- Lìlian, ven aquí perrita mía- Levanto la vista me miró y me dio la orden, acto seguido volvió a lo que estaba haciendo.

- Ya estoy aquí, Jaime. ¿Te ayudo?- Le dije sin apartar la vista de aquello... esta colocando los juguetes...unas cuerdas, una mordaza, un gato, una fusta...

-No, no hace falta que me ayudes- Sacó una colchoneta que parecía para un perro- Siéntate ahí. Lìlian ¿Cómo acordamos que te dirigirías a mi? ¿Con la palabra Amo, verdad?

¡UFF! que calor, creo que me estoy poniendo roja y además siento una presión horrible en el pecho. ¡Maldita timidez! Agacho la mirada y jugueteo con mis manos, cada vez me siento más nerviosa. Esto me recuerda a aquel momento... en que creía que perdía a Jaime, mis ojos me arden. No, no voy a llorar. Al fin termina de colocar sus cosas, me mira fijamente y me coge la cara entre sus manos

-Lìlian, escúchame y no te pongas así, por favor- Su gesto se volvió más dulce y tomo más tranquilo- Se que te cuesta y lo entiendo ¿Vale? No pretendo que me llames Amo a todas horas del día, ni en público tampoco. Sé que eres muy lista y tú sabes cuándo es ese momento. Lìlian te he visto mirarme y veo como me deseas y sé que tú ves lo mismo en mis ojos. A sí que no te voy a presionar, está en tus manos, confió en ti ¿De acuerdo?- No había parado de acariciarme la cara y en algún momento el pelo también. Es tan bueno, tan comprensivo...como negarse. Aunque me cueste ¡Lo haré!

-Sí, Amo-Lo digo tan bajito que no estoy segura de si me ha escuchado.

- Muy bien, perrita. ¿Ves como no es tan difícil?- Me revuelve el pelo, saca algo de ropa y se va al baño.

Se da una ducha rápida y cuando sale del baño tiene el pelo mojado y gotitas de agua recorren su cuerpo. Es tan sexy...moriría mil veces por este hombre. Suspiro y siento la humedad y el calor entre mis piernas.
Se pone a mi lado y dice:

- Muy buena perra- y deja caer la toalla que le cubría de cintura para abajo.

Mis ojos se abren todo y más, allí esta su miembro en reposo como un rey que descansa en su trono.

-Lìlian, levántate por favor- me ordena con algo oscuro en su voz y al instante estoy de pie. Me siento tan pequeña a su lado...pero me encanta.

Comienza a besarme salvajemente, apenas me deja respirar me aprieta con fuerza hacia él. Cuela sus dedos entre mi larga melena y tira de ella fuertemente hacia atrás

-Lìlian quítate la ropa, solo los pantalones y el tanga- Suelta bruscamente mi pelo y hago lo que me dice sin rechistar.

-Mmm, a sí me gusta, expuesta para mí, para usarte cuando quiera.

Me agarra un brazo con fuerza y lo miro mientras muero de ganas por qué me haga suya. No puedo más, siento que voy a explotar cuando con su otra mano empieza a acariciar el hueco entre mis pechos y comienza a bajar por mi cuerpo. Acaricia mi vientre y rodea con dos dedos mi ombligo, mientras sonríe maliciosamente. Estoy tan mojada que no necesito mas estímulos, cuando Jaime...

- ¡Aah!- Un gemido sale de mi boca cuando Jaime introduce dos dedos en mi vagina sin previo aviso.

-Mmm, muy buena perra, me encanta que estas a si de mojada, a si de preparada- Continua metiendo y sacando sus dedos en mi vagina y cada vez lo hace más deprisa, los músculos de mi vagina se contraen cada vez que los clava en lo más hondo.

Ahora combina los embistes con sus dedos, mientras realiza círculos con su pulgar en mi clítoris. ¡Dios! no puedo más, no voy a aguantar, cuando de repente recuerdo que hablando unos días atrás Jaime me había dicho que nada de correrme sin pedirle permiso. ¡No puedo más!

-Pu...pue... ¿Puedo correrme, Amo?- Jaime ralentiza el ritmo mientras me mira a los ojos.

-Muy bien perrita, pero no, no te vas a correr, no ahora- Saca los dedos de dentro de mí y gruño levemente. Tiene los dedos empapados.

-Lìlian, limpia bien los dedos, por favor- Me incorporo, me acerco a él y lamo bien los dedos pasando mi lengua de arriba a abajo y metiéndomelos en la boca.

-Muy buena perra, ahora lávate y vístete, nos vamos.


Me bajo de la cama, recojo mi ropa del suelo y me voy al baño, entro y cierro la puerta. Tiene bidé, ¡gracias al cielo!, abro el agua fría y lo lleno hasta la mitad, cojo un sobrecito de jabón y me lo echo en la mano. Me siento en el bidé, hundo mi mano en el agua fría y me lavo bien. La verdad, es que, agradezco mucho el agua fría, tenía el clítoris a punto de explotar y esto se agradece mucho. Me enjabono bien, me aclaro y me seco. Me visto dentro del baño, lejos de los ataques de pasión de Jaime.

martes, 10 de septiembre de 2013

OTRA VEZ TU.....

Allí estaba yo paseando por las largas e interminables calles de mi gran ciudad, envuelta en mi abrigo negro que conjuntaba con mis zapatos y mi pañuelo azul que cubría delicadamente mi cuello y quedaba a la perfección con mis vaqueros.
El tiempo era frío, lo suficiente para que la nariz de los transeúntes de aquella calle repleta de gente se tornara de un rosa bastante gracioso.

Me paré enfrente de un escaparate donde se veían unas hermosas botas, que llegaban a la altura del muslo y cuyo tacón podría medir alrededor de 10 cm. Miraba embelesada aquellas botas cuando una mano se poso sobre mi hombro y una voz tranquila y varonil pronuncio mi nombre con una alegría poco usual. Me gire enseguida para comprobar que era él, que aquella voz era de la persona que imaginé y que aun que no podía ser y no podía dar crédito a que el destino me lo hubiese puesto de nuevo en el camino... lo había echo y él estaba de nuevo allí. En frente de mí, con su sonrisa perfecta, con su ropa impoluta y con sus modales exquisitos.


-Buenas tardes señorita, cuanto tiempo ¿Qué tal estás?.


-Buenas tardes. Si la verdad es que hacia mucho que no coincidíamos ...la verdad que todo marcha muy bien, y para celebrarlo había pensado darme un capricho.- Mire las botas suspire y me di la vuelta para entrar en la tienda.


Él se quedo allí de píe observándome, recorriendo mi cuerpo con sus ojos...y de repente...


-Carla.....- y la ironía se le escapo junto con mi nombre.


-¿Sí, Brus, que es lo que quieres?


-Te importaría dedicarme diez minutos y charlar un rato conmigo.-Su cara cambiaba según transcurrían los segundos y aquella mirada tan familiar estaba aflorando.


-Brus...eso no es posible, la vida nos juntos en su momento y nos separó, creo que así debe seguir siendo.-Mi tono de voz era tranquilo pero tajante, no quería darle pie a nada, pero sabía de sobra que el no aceptaría un no por respuesta.


-Carla...¿No lo has entendido?. Por favor, pasa, compra las botas y acompáñame no te robare mucho tiempo.


Me gire sin decir palabra, me introduje en la tienda, compre mi bien merecido regalo, respire hondo y salí en busca de Brus. 

Por un instante me pare en la puerta de la tienda y lo miré.¿Qué es lo que te pasa Carla?¿No tuviste suficiente cuando jugo contigo la primera vez?.
Pues realmente si...pero me gusto tanto...que aun que su trato fue algo frío y yo había intentado olvidarle mil veces...ahora no poodia reprimir lo que mi cuerpo sentía hacía él, a si que, cerré los ojos me imagine suya y me encamine hacia él.

-Tan obediente como siempre, no has cambiado en nada Carla.- Su mano cogió mi barbilla, me miró fijamente a los ojos y sonrió dulcemente.-Carla, necesito hablar contigo, contarte un par de cosas y que me hagas un favor. ¿Esta bien?.


-Brus, cuéntame lo que quieras, pero no te equivoques.- Clave mi mirada en la suya recordandole todo lo que había sucedido entre nosotros.


Suspiró profundamente, se rasco la barba,  se mantuvo en silencio por unos segundos y dijo:


-Carla...por favor. Es importante, hace meses que no encuentro a nadie que me satisfaga. Unas son muy sumisas, pero no aguantan el dolor, otras aguantan el dolor y tiene limites absurdos y otras ni si quiera son capaces de aguantar lo que tengo que ofrecer...se rompen sin apenas tocarlas. Carla te necesito...al menos por un momento.


¿De veras, me estaba pidiendo una sesión? o simplemente lo exigía de un modo sutil...No podía saberlo con exactitud, mi cuerpo y mi mente tenían una lucha constante. Mi mente me advertía del peligro, pero mi cuerpo....vaya, mi cuerpo ya estaba más que dispuesto a entregarse sin más premisas.


-Brus...creo que ambos sabemos lo que paso la otra vez y esto...esto no es la mejor idea. Sigue buscando, tranquilízate y date un poco de tiempo....-Dirigí mi mirada hacia otra parte, cerré los ojos y pude notar que mi sexo ya estaba húmedo. Aquel tira y afloja, me estaba volviendo literalmente loca.


-Carla.-Su voz se había vuelto autoritaria y su sonrisa brillaba en su rostro inmaculado.-Creo que no lo comprendes. Te e dicho que te necesito, te necesito un momento para mi. Necesito sentir tu entrega. ¿Lo entiendes?.


Cada vez que hacia aquello, que volvía su voz seria y cortante, los músculos de mi vientre se contraían, mi imaginación me jugaba una mala pasada y me devolvía todos los exquisitos momentos que habíamos vividos juntos.


-Brus, lo entiendo perfectamente pero....- Un dedo se poso sobre mis labios y corto mi discurso.


-No, Carla, no hay peros posibles. Se que hoy no tienes nada que hacer, que es el día que dedicas para ti y que estas totalmente libre. Aunque ahora, ya no es así.-Cogió su móvil he hizo una llamada. 


Al colgar el teléfono, me dijo que iríamos a recoger su coche que se encontraba a un par de manzanas de allí y que iríamos a casa de Pau. Uno de sus mejores amigos que estaba de vacaciones y le había dejado la casa después de aquella conversación. Ya estaba todo más que dicho, no había más que discutir. Iríamos a casa de Pau, tendríamos una sesión disfrutaríamos durante un rato y todo volvería desaparecer.


-No es momento de lamentaciones, te e escogido entre muchas otras, deberías de estar orgullosa, eres especial Carla.- Me sonrío y fijo su vista en la carretera.


Durante el trayecto a casa de Pau charlamos animadamente del día a día y de como nos había  tratado la vida asta ese día. Al llegar, Brus metió el coche en el garage, no bajamos del coche y cada uno siguió su camino.


Yo me dirigí al servicio, me quite la ropa, me mire al espejo y sonreí. Realmente estaba feliz de que Brus hubiese pensado en mí, aquello significaba que me había convertido en alguien especial para él. Me metí en la ducha, puse el agua bien caliento, todo lo que mi cuerpo era capaz de aguantar y me enjabone con delicadeza. Salí de la ducha cogí la toalla y me seque. Saque de mi bolso una braguitas de emergencia que llevaba siempre encima y mi collar, me los puse y salí.

El baño estaba en la habitación y al salir, allí estaba él de pié, impaciente y deseoso de mí..de mi sumisión. Me observo de arriba abajo, sonrió y me ordenó que me recogiese el pelo en coleta bien alta. Después de aquello se metió en el baño y se ducho.


Cuando salió allí estaba yo de rodillas al lado de la cama, con la mirada baja, esperando ansiosa a el que en aquellos momentos era mi dueño. Se acerco silencioso, tomo mi cara entre sus manos y me dió un beso en la frente.-Muy bien Carla, veo que no se te a olvidado nada.-

Se subió en la cama y me llamó para que le acompañase.Nos tumbamos el uno al lado del otro. Empezó suave...acariciándome la cara...besándome el cuello y poco a poco fue elevando la intensidad.

-Carla, tráeme el cinturón,-


Sonreí traviesa y me negué a ir a por el.


-Muy mal Carla, te has ganado un castigo y esta vez no serán unos azotes, ni usare mis manos para castigarte, porque eso seria darte lo que buscas...


¿Cómo?¿Qué?que no me iba azotar....hice un mohín con la cara y le saque la lengua. En aquel momento me había echo sentir estúpida...mi plan para que el fuese más dominante y más agresivo había fracasado.


Frunció el ceño, y pensando en alto dijo lo siguiente:


"Veamos a ver...¿Qué practica es la que menos te agrada, porque se acerca a algún limite?". hizo una pausa y retomo su pensamiento en voz alta." ya se, jugaremos con cera. La cera pone al límite tu resistencia".


Mire hacia otro lado y cogi fuerzas


To Be Continued

martes, 18 de junio de 2013

La Unión

Todo estaba listo. La mesa vestía sus mejores galas, un precioso mantel rojo de terciopelo, acompañado de una hermosa vajilla de porcelana y unas resplandecientes copas llenas de vino. Cuatro velas que daban luz suficiente para ver lo que había en la mesa y a su alrededor.
Allí, bajo la tenue luz que proporcionaban las velas al coqueto comedor se encontraba Ely. Estaba de pie en un extremo de la mesa esperando a que llegase Rober. Llevaba puesto un elegante vestido negro que dejaba al descubierto su espalda y unos pequeños diamantes que cubrían la tira que servia  de unión entre el vestido y el cuerpo de Ely, rodeando su fino y delicado cuello. A juego con los diamantes llevaba unos pendientes que colgaban desde sus orejas hasta sus hombros en una hermosa delicada cadenas de pequeños y brillantes diamantes. Sus zapatos eran negros, con un tacón de unos 10 cm y con una tira que ¡como no! llevaba incrustados unos diamantes. Tenía que estar deslumbrante para Rober, él tenia un regalo para ella, algo muy especial.

Eran cerca de las 22 y Rober estaba apunto de llegar. A Ely se le aceleró el pulso y las manos le empezaron a temblar cuando escuchó que la perta se abría y sintió que Rober entraba. Ely tenía la cabeza agachada y la mirada clavada en el suelo. Estaba impaciente esperando una señal, una palabra o una orden.

Rober entró en la casa, sonrió y observo durante un rato a Ely, ella estaba preciosa y él sabía que se había vestido así para complacerle. Se acercó a Ely, la cogió la cara y la dio un beso suave y tierno.

-Ely, adelante siéntate, vamos a cenar.-Dijo Rober con esa voz tan tremendamente masculina que volvía loca a cualquier mujer.

Ely lo miró un segundo y se deleitó con aquella esplendorosa vista en la que Rober estaba allí de pie, con sus vaqueros, su camiseta blanca de lino y unas bambas blancas a juego con su camiseta. Después de unos segundos Ely se sentó a la mesa. Ambos cenaron y charlaron animadamente. El ambiente fue agradable y distendido.

Los dos se querían con verdadera pasión, una pasión que a veces ardía. Ardía en la piel de ella con las marcas que el dejaba sobre su cuerpo y en los sentimiento de él cuando ella se mostraba tan sumisa... tan apetecible... y tan complaciente.

La cena estaba llegando a su fin. Rober y Ely disfrutaban del postre, una rica tarta de chocolate que había preparado Ely, estaba deliciosa y tremendamente dulce, tanto como la mirada de Ely, era una mezcla de dulzura e impaciencia. Después de darle el ultimo bocado a la tarta Rober sonrió y saco una caja de debajo de su silla, una caja que había dejado allí cuando comenzó la cena.

La cogió entre sus manos, miro a Ely con una sonrisa picara y hablo muy pausadamente- Ely, hoy seras oficialmente mía y a partir de mañana todos lo sabrán. No cabra lugar a dudas.- Ely miraba a Rober ansiosa por saber lo que aquella caja escondía. Rober la miró fijamente y la dijo: " Te hago entrega de este regalo como muestra de que eres todo lo que busco.- A continuación Rober le hizo entrega de aquella caja, la caja que los uniría para "siempre".Los ojos de Ely se abrieron de par en par y recogió la caja que Rober le tendía. Ely estaba muy nerviosa y las manos le temblaban mientras desenvolvía la caja y la abría. ¡Oh!, Ely se quedó sin respiración durante unos segundos y los ojos se le llenaron de lágrimas- Gracias, Señor.- Su voz temblaba al igual que todo su cuerpo. Rober la había echo suya, es más, la quería suya y para él nada más. Quería que todo el mundo supiese que le pertenecía.

En aquella caja había dos collares, uno de ellos era de cuero y con una anilla en la que iría enganchada una correa o el cepo que da unió a dos esposas... y el otro era un collar fino, compuesto de una cuerda de lazo azul y de unos complemento de plata en los que ponía : "Sr Roberto". De los ojos de Ely se escaparon dos lágrimas.

-¿Qué pasa Ely?¿No te gusta?.- Pregunto Rober con algo de duda en su voz.
-¿Cómo?...¡Ah!, no...no es que no me guste...realmente me encanta.- Pero había algo en su voz que no terminaba de convencer a Rober.
-Entonces...¿Qué pasa Ely?.- Su voz era pausada y relajada.
-Esto...yo...tengo miedo de no darte todo lo que me pidas y no ser suficiente para tí. Que me pidas tanto que no llegue...- Su voz se quebró y sus ojos se inundaron en lágrimas.
-Ely.-Rober se acercó, la acarició el pelo y la cogió las manos.- No digas eso, se lo que me puedes dar. Se que confías en mí y que te entregas a ciegas. No tengas miedo, eres todo lo que quiero y todo lo que necesito.-

Ely lo miró y sonrió, pidiéndole un beso, una caricia o un gesto para sentirle cerca. Rober lo leyó en su mirada y pensó que, que mejor gesto que coronarla con su nuevo collar. A si que cogió el collar de cuero, se levantó, retiro el pelo de Ely de su cuello y lo rodeo con el collar. Lo abrochó y beso la mejilla de Ely. Ella tenía el bello de punta y una dulce sonrisa en el rostro.

Rober se sentó a su lado y la llamó para que le prestase atención.
-Aún no han terminado las sorpresas.- Acto seguido Rober engancho una correa a su anilla, tiró de ella y la dijo: "Sígueme Ely" . Ely se levantó y siguió a Rober desde una distancia prudencial de tal manera que no hubiese tensión en la correa.

Caminaron hasta la puerta del sótano, cuando Rober paró le dijo a Ely que estuviese quieta un momento. Sacó de su bolsillo un pañuelo y la tapo los ojos-Ahora dame la mano vamos a bajar.- Ely agarro la mano de Rober y mientras bajaban las escaleras sentía el roce de la correa con su cuerpo, cada vez estaba más excitada y más nerviosa..
-Quédate aquí no te muevas.- Y dejo a Ely sobre una cama.
Ely tocaba las sábanas aquel tacto la sonaba...¡Ah, sí! eran unas sabanas de vinilo. Pero...un momento...hace unos días en su sótano no había nada de eso.

Rober llego a su lado-Ahora te voy a quitar el pañuelo para que puedas ver tu otra sorpresa.- Dejó caer el pañuelo de los ojos de Ely y ante ella, y bajo una luz tenue fue descubriendo la nueva decoración del sótano.
Ella estaba sobre una cama de 2*2m cubierta con unas sabanas de lino moradas. Había varias vidrieras que guardaban  fustas, látigos, gatos, cadenas, y muchos más complementos. También había argollas que colgaban del techo para hacer suspensiones. Un potro del que salían unas muñequeras y unas tobilleras, había una cajonera con etiquetas en las que ponía: "vibradores, lubricantes, esposas, tobilleras, cuerdas, mordazas...". Ely estaba impresionada y encanta por lo que Rober había echo por y para ella y estaba deseando probarlo ¡TODO!.
-Ahora comenzaremos un rito que selle nuestra unión.¿ Estas prepara?.- Susurro Rober al oído de Ely.
-Sí, señor, estoy prepara.- Acto seguido se posiciono de rodillas con la cabeza agachada y la mira fija en el suelo....

Continuara

miércoles, 16 de enero de 2013

El y su traje


Estoy sentada en la parte de atrás del coche con el móvil en la mano esperando poder verte con el traje puesto, mi mente está dispersa y cuando menos lo espero la foto entra en mi móvil como un rayo de luz.
Mis ojos observan tu cara y al encontrarse con tu sonrisa automáticamente sonrió. Pareces cansado por mucho que tu sonrisa te acompañe al fin del mundo. Recorro tu cuerpo con mis ojos. Te queda exageradamente bien, estás tan apuesto y tan elegante… y esa corbata…umm, que de cosas se podrían hacer con ella. Bloqueo el móvil, miro el cielo e imagino.
Instantes después entra otro mensaje en mi móvil, enciendo la pantalla y veo otra foto tuya. Esta vez sí que me has desarmado, noto como mi sexo se humedece instantáneamente. Miro absorta esa pose, eres dominante aunque no te lo propongas. Estas sentado en el sofá,  tus piernas están abiertas… quizás esperen algo. Uno de tus brazos descansa sobre el reposa brazos y el otro sobre el sofá. A la sonrisa de tu cara le acompañan tus ojos que sonríen descaradamente. Verte así ha despertado mi imaginación, todavía nos queda la mitad del camino y se presenta prometedor. Visualizo otra vez tu imagen y dirijo mi mirada al cielo oscuro, cierro los ojos y dejo volar mi imaginación.

Un deseo incesante se ha apoderado de mi cuerpo y al verte con ese traje solo quiero que me quites la ropa y me uses a tu antojo. Me ordenas que me ponga a cuatro patas encima de la cama mirando hacia el espejo, quieres que observe como me azotas con tu cinturón. Miro al espejo y te veo con el cinturón en la mano y con ese  traje… Al verte allí tan imponente…tan dominante y tan sexy mi sexo se humedece.  Cierro los ojos para recrearme en aquella imagen y recibo el primer azote. Abro los ojos, no quiero perderme un detalle de aquella escena.  Busco tus ojos en el espejo que enseguida se encuentran con los míos, me dedicas una sonrisa de medio lado, levantas el brazo y vuelves a azotarme. Un gemido sale de mi boca y mi respiración comienza a alterarse. Sigues así un rato más y cada vez que tu cinturón choca con mis nalgas mi sexo se humedece más y más. La vista de aquel acto es maravillosa.
Abres la mano y dejas caer el cinturón al suelo, no puedo apartar la vista del espejo porque mis ojos han descubierto tu gran erección y mi mente a decidió ignorar todo lo demás, a si que, cuando me doy cuenta estas enfrente de mí, con una de tus manos coges mi cara y haces que nuestros ojos se encuentren, sonríes y me dices algo. Algo que no alcanzo a entender muy bien pero te has dado cuenta, metes tus dedos en la anilla de mi collar, y me bajas de la cama. Te sientas al borde de la cama, introduces nuevamente dos dedos en la anilla y tiras hacia abajo de ella e instintivamente me arrodillo. Fijo por un segundo la mirada en el suelo, pero enseguida la levanto buscando tus ojos ellos hablaran por ti o quizás tus manos que están desabrochando tu pantalón. Desabrochas el botón te bajas la cremallera y liberas tu erección. Te miro, sonríes, agarras mi pelo y metes tu erección en mi boca. La recorro con mi lengua, marcas un buen ritmo. Mientras sigo chupándotela abro los ojos y te miro y una oleada de placer inunda mi mente, es espectacular ver como disfrutas. La mano que te queda libre la tienes apoyada en la cama y tu cuerpo está ligeramente inclinado hacia atrás, a lo que le acompaña la extensión de tu cuello. Tus gestos hablan por sí solos, tus ojos están cerrados y tu cuerpo inmerso en una complaciente tensión. Abres los ojos y te encuentras con los míos, tienes mucho calor y aun no te has quitado la chaqueta del traje, a si que, aprovechando este cruce de miradas me ordenas que no pare mientras te desprendes de la chaqueta, y cuando te la quitas tu camisa está empapada. Esa imagen me ha excitado mucho más, me encanta verte sudar. Ya te empieza a sobrar todo, pero no quiero que te quites nada más. Te diriges a quitarte la corbata, te miro a los ojos, me saco tu erección de la boca y te pido que no te la quites, sonríes y dices que quedara mucho mejor en otro sitio. Me ordenas que me dé la vuelta, y quedo nuevamente frente al espejo, veo como te quitas la corbata, umm, todos tus movimientos son embriagadores  y mientras estoy perdida en este pensamiento me dices que cruce las manos en la espalda. Veo como tus manos bajan con tu corbata y anudan mis muñecas, el tacto de la corbata con la piel me encanta. Mientras anudas mis muñecas observas mis gestos en el espejo y sabes de sobra que hace mucho tiempo que he abandonado esta realidad y me he sumergido en el subespacio, sabes que soy totalmente tuya…
Metes los dedos en la anilla y me levantas, me hablas y apenas te escucho, pero se lo que me has dicho, a si que, me tumbo boca abajo en la cama y tu estas al otro lado encima de la cama de rodillas. Una de tus manos esta colocada en la parte alta de mi espalda bloqueando mis movimientos y con la otra estás dispuesto para azotarme hasta que mi culo se ponga bien rojo como a ti te gusta.
Comienzas a azotarme despacio, y poco a poco, incrementas la intensidad. La intensidad es bastante alta y uno de los azotes me duele y me intento revolver, pero no consigo nada porque cuando notas que me muevo me presionas con tu mano y me quedo quieta. Vuelves a azotarme con la misma intensidad y esta vez si me revuelvo algo más, ejerces bastante presión con tu mano sobre mi espalda, me azotas nuevamente, te deshaces de tus pantalones, me coges de los hombros me colocas y me embistes fuertemente. Duele, me revuelvo y grito. Al momento tu mano cubre mi boca y ahoga mis alaridos, poco a poco dejo de forcejar y el dolor desaparece.  Pero te siento encima de mí, es más, siento tu sudor caer sobre mi espalda. Retiras tu mano de mi boca y sigues embistiéndome con fuerza. De repente sales de mi interior y me das la vuelta con bastante fuerza, te siento y te noto pero muy lejano estoy muy sumergida en el subespacio. Busco tus ojos y veo como te colocas encima de mí. Te masturbas muy deprisa y veo en tu cara que estas a punto de correrte abro la boca para recibirte y en un momento te corres en ella me trago tu semen, te miro  de nuevo a los ojos y con leve susurro te doy las Gracias.