miércoles, 10 de febrero de 2021

Lluvia

Eran las 21:45 de una desapacible noche de invierno. El sol ya se había ocultado, las farolas estropeadas no alumbraban el camino junto al río y llovía a cantaros. A penas había un par de transeúntes y en un banco empapado por la lluvia estaba ella. Llevaba un bonito abrigo gris de paño, ahora empapado y que parecía pesar una tonelada, debajo escondía un vestido sin mangas de color blanco y negro, ajustado debajo del pecho y volando encima de sus caderas hasta la altura justa de las rodillas. Dentro pegado a su piel se hallaba un precioso conjunto de lencería verde con encaje y en sus pies unos zapatos negros, pero, no, no llevaba medias, llevaba unos calcetines que quedaban justo a la altura del tobillo y terminaban en una preciosa cinta con un lazo en la parte de atrás.

A esas horas del día ya todo daba igual la habían despedido de su trabajo y a penas le quedaban sueños y ganas en la mochila como para seguir con aquella lucha estúpida y a contracorriente.

Hundida en sus pensamientos levantó la vista y miró fijamente el agua mansa del río… todo en calma… todo parecía tan normal… como si no importase nada lo que acababa de suceder, asique rompiendo en un lamento las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos y con aquel grito los pájaros que rondaban por allí volaron lejos, pero daba igual, que se fueran… que se fueran y no volvieran más, como todo el mundo hacía cuando conseguían lo que querían.

La rabia palpitaba en su interior y lo único que quería era echarse en la cara al estúpido de su jefe y decirle cuanto le había destrozado la vida – Maldito cabrón. ¿Quién se habrá creído? – y cuando fue a golpear el suelo de un pisotón notó una mano en su hombro, por un segundo su corazón perdió el compas y su respiración se helo-

-¿Qué te pasa pequeña, quien o que perturba tu calma? -dijo él sin despegar la mano de su hombro y acercando su boca al oído de ella.

-Palideció su rostro mientras continuaba mirando el suelo intentando controlar sus impulsos.

-Tú…. ¿Cómo te atreves…? ¿Qué demonios haces aquí? - Dijo entre dientes, mientras con una de sus manos agarraba tan fuerte su teléfono que estaba segura de que lo haría estallar en cualquier momento.

-Solo vengo a ayudarte… déjame que te ayude-Contestó mientras acariciaba su hermoso cuello.

-Ayudarme!, pero será posible. ¡Lárgate de aquí! Esta lloviendo y te estás mojando estúpido- Sus ojos llenos de ira se clavaron en él y su brazo se levantó para propinarle un guantazo a su víctima, pero a mitad del acto la mano de él paro en seco su brazo agarrándolo y haciéndolo bajar con brusquedad.- Pero ¿qué piensas que haces? ¿De verdad me ibas a pegar? ¿o solo buscas lo de siempre? Eres insoportable ¿No te das cuenta?... Todo lo rompes- Y dos lagrimas surcaron el rostro de aquel joven empapado por la lluvia también

-Pues márchate, nadie te ha pedido que vengas, es más, te dije que no vinieses que no hacía falta, que me apetecía estar sola. ¿No lo entiendes?

-Ya basta con esta estúpida conversación, estas empapada y tú cara…tú cara es un cuadro. Vamos Lúlu levántate y camina- Pero ella seguía allí sentada mirando al río como esperando una señal. – ¡Maldita sea Lúlu! – La cogió en brazos y se la hecho al hombro mientras ella pataleaba y le daba puñetazos en la espalda

Llegaron al coche, la dejó en el asiento y cerro la puerta, luego él subió donde el conductor y arrancó, puso la calefacción y subió la música, no quería oír nada, ni siquiera sus pensamientos. Pasado unos 10 minutos Lúlu poso su mano sobre la pierna de Guzmán y él bajo el sonido de la radio.

-Lúlu, sabes de sobra que no tiene sentido que te pongas así por un trabajo donde no te valoraban y del cual muchas veces tú misma te has querido marchar… ¿Lo sabes verdad? – Pero ella no dijo nada solo dejo la mano sobre su pierna, mientras calmaba su llanto e intentaba serenarse.

Ella era consciente de todo lo que podría pasar al llegar a casa… de las consecuencias de sus actos, de sus impulsos, de sus rabietas…. Y de ese comportamiento anodino que últimamente arrastraba ante todos y ante todo y más ante la persona que la había cuidado y querido como si del regalo más delicado se tratase.

Hacia mucho que el no la tocaba, que no la hacía suya, pero bien es cierto que hacia aún más que ella no mostraba ningún interés en las sesiones, aunque, siempre le había profesado un gran respeto y admiración y nunca le había levantado la mano, ni se la hubiese ocurrido. Al caer en lo que había hecho sintió una horrible vergüenza y un sentimiento de culpa la asolo. Dejó de mirar por la ventana para mirarlo a él.

Guzmán tenía los ojos rojos de haber llorado, en sus mejillas se podía ver aún el rubor y su respiración aún estaba un poco agitada – Lo siento, lo siento mucho, cuanto te he defraudado – pensó mientras acariciaba la mejilla de Guzmán. Él solo miraba la carretera, parecía evitarla a toda costa, de repente disminuyó la velocidad del vehículo exageradamente al entrar en el camino que conducía a la entrada de su casa. Lo detuvo y la miró a los ojos. - ¿Qué crees que haces Lúlu? ¿Cuál es tú propósito? A caso ¿Quieres que me marche?

-Lo siento, lo siento mucho, te he defraudado. Guzmán… no tengo ningún propósito y menos aún quiero que te marches, no me imagino la vida sin estar a tú lado- Su mente iba a mil pensamientos por segundo ¿La iba a dejar? ¿De verdad Guzmán se iba a marchar? ¿Se quedaría sola? ....

Él puso de nuevo el coche en marcha y en menos de 5 minutos ya estaban en casa. Se bajó y fue a recogerla, ella no le había visto y la puerta impactó contra él haciéndole soltar un quejido -Auch, estas loca ¿pero que haces? - y una sonora carcajada rompió el silencio de la noche – Perdón mi señor, mil disculpas, yo… no le había visto – Los ojos de Guzmán se clavaron en Lúlu… hacía meses que no le llamaba señor.

-¿Sabes una cosa? Estas preciosa así, empapada, con la cara echa un desastre y él pelo enmarañado- Esa sensación…vaya ahí estaba otra vez… cuanto hacía que no la sentía

-Gracias mi señor, pero en la calle hace frío, ¿qué le parece si entramo dentro? – Deseaba y necesitaba que Guzmán no la odiase por lo de aquella noche y la hiciese suya

-Claro Lúlu pasa, adelante. Dame tú abrigo, Descálzate y quítate los calcetines. Te voy a traer una toalla, pero no quiero que te quites la ropa, solo sécate lo máximo posible y ponte cerca del radiador.

-Si, señor- Lo miró alejarse y sintió crecer de nuevo ese sentimiento en ella, en su vientre y en sus mejillas.

Guzmán le entrego la toalla a Lúlu y se quedó con otra para él, ambos se secaron, pero el además se despojo de todo menos de la ropa interior – De rodillas Lúlu – y acto seguido allí estaba ella de rodillas y con los ojos brillantes mirando a su Amo.

-Dime Lúlu, ¿Qué deseas? – Su sonrisa era enorme y se sentía orgulloso de tenerla de nuevo ante él – Deseo… deseo que me haga suya… y que me perdone por lo que ha pasado… nunca más me volveré a apartar y le pediré ayuda. No se vaya de mi lado – cogió su rostro entre sus manos se arrodillo y la susurro al oído – Tranquila Lúlu no me voy a ir a ningún lado – La beso dulcemente lo labios y se levantó de nuevo. – Y bien Lúlu, ¿no deseas que te quite toda esa ropa mojada y te haga mía?.-Suya Señor, toda suya – Entonces Guzmán se agacho y la dio una bofetada, la mordió el labio y la quito el vestido dejando al descubierto el precioso conjunto de lencería- Siempre tan bonita, siempre preparada.

Guzmán se sentón en un sillón e invitó a Lúlu a sentarse encima de sus piernas, la azotó y la azotó como más la gustaba. Con la mano, piel con piel. El culo de ella ardía pero solo quería más y más estaba ansiosa y él podía percibirlo, asique sería la guía de aquel caballo desbocado.
-De rodillas- Ella se postró ante él y esperó que moviese ficha- Preciosos pezones y creo que me han echado de menos… - empezó a jugar con ellos, caricias, pellizcos… se agacho y se los metió en la boca, jugó con su lengua y mientras los chupaba y los mordía Lúlu se estremecía y gemía.
Guzmán dirigió la mano a la entre pierna de su compañera y noto lo empapada que estaba, comenzó a masturbarla, Lúlu se deshacía en la manos de su Amo, mientras el mordía con ganas sus pezones o los chupaba - ¿Pu… Pue… Puedo correrme Señor, por favor? – Un poco más Lúlu, aguanta un poco más- No.. no.. No puedo, por favor Señor – Adelante Lúlu córrete, córrete para mí – Y ella estalló en placer empapando la mano de Guzmán y dejando constancia de que él conocía muy bien sus puntos débiles.
La temblaban las piernas y su corazón iba a escapar por la boca si seguía latiendo así – Tranquila Lúlu, ven aquí - Guzmán acercó a ambos al calor del radiador, la acarició el pelo y la beso la frente – Siempre así, siempre mía – Ella lo miró con ternura y le preguntó – Y ¿usted señor? – Mí Lúlu ahora solo descansa de mí nos ocuparemos en otro momento y allí se quedaron al calor del radiador un rato disfrutando el uno del otro, enfrascados en un abrazo después de todo

jueves, 4 de febrero de 2021

Las seis y media

piii pipipi pipi piii .... apenas son las 6:30 de la mañana y el despertador rompe el silencio de la madrugada para sacar de su letargo a la pequeña guerrera.


-¡Noo!, joder... odio madrugar- se revolvió bajo las sabanas y pataleo para desprenderse de ellas.-¿ Y tú... de que te ríes, a caso piensas que no te veo?- y acto seguido mordió el hombro de su compañero de cama.


-Eres una niñata, caprichosa y quejica ¿De veras puedes soportar ese humor de buena mañana?


Ella se encontraba sentada al borde de la cama con sus piernas colgando y balanceandose, sin ningún ánimo para ponerse en marcha, a si que él tiró de su brazo y la dejo de nuevo tumbada en la cama, se sento a horcajadas sobre ella y la apretó las mejillas.


-Anda, ven aquí, mi niñata repelente con caracter inaguantable desde primera hora- Y sin darla tiempo a replica la beso dulcemente los labios, mientras sus manos se rovolvian intensas bajo esa ropa interior de niña con dibujitos de dumbo.


-Ya... para bobo, que voy a llegar tarde y a ver como explico esto en la reunión- Decía mientras la risa se escapaba de sus labios y sus piernas comenzaban a temblar en las manos de aquel mago.


-No pasa nada, puedes decir que habia muuuucho tráfico y que ocurrió un accidente, como el que habrá en las sabanas dentro de poco.


-Claro... Siempre que...- Una mano se posó en su boca y una risa estalló en el silencio de la mañana.


-¿Será posible? callá de una vez y disfruta, que papi quiere ver a su nena contenta antes de ir a trabajar. Que sepas, que luego rendiremos cuentas de ese bobo, esa lenguan tan larga de niñata irreverente y esos dientes traviesos.


Con aquellas palabras el bello de Cristin se erizó y empezó a sentir como el mundo escapaba a su control.


-Muy bien pequeña, sigue así disfruta para papi, regalame tú placer.


De nuevo la mano de él tapaba suavemente su boca para ahogar los gemidos de su garganta y no romper aquella intensa calma.


Cristin sintió como en su vientre una bola de fuego empezaba a arder poco a poco y cada vez quemaba más y más, hasta que explotó en las manos del gran mago... de SU MAGO. Una vez más empapo las sabanas de placer y sudor, de ganas y pasión, de ambición, de ambición por ser suya. Su pequeña, su niña rebelde, la insurrecta, la incontrolable... La misma que con una mirada del mago se volvia peuqeña y dulce, tierna y complaciente, la guerrera que encontraba la paz.



Buenas Noches Princesa

-Buenas noches princesa-dijo posando su mano en la pierna de Lia que estaba ligeramente fría, ya que la ventana del estudio se encontraba abierta mientras ella fumaba y leía un estudio sobre medicina biomecanica.
-Te he dicho mil veces que no me llames princesa.
-No te resistas, se que te gusta, tu media sonrisa te delata.
Lia volteo los ojos poniéndolos en blanco y soltando el humo del cigarrillo en un suspiro.
-Ya basta- el cogió su cigarro lo apago y la levantó de la silla - y ahora el peor de los castigos princesita, deja el trabajo y a cenar, ese lindo cerebro necesita descansar- la acerco a él y la beso la cabeza dulcemente, mientras ella le mordía sutilmente a la altura del pecho, él respondió agarrandola el culo y empujandola para que caminase.

Al entrar en el salón había dos cuencos de ramen con cerdo, algunas verduras y unos brotes de soja, una ensalada wakame y dos cervezas bien frías.
"La princesa en su castillo" pensó tontamente mientras lo miraba y sonreía de oreja a oreja.

Cuando Ken fue a sentarse ella se dejó caer en su sitio y le pellizco el culo.

-Para diablillo- el tiro de su pelo y la hizo mirarlo a los ojos mientras que con su otra mano abria su boca y pasea a sus dedos por los labios sin dejarla que los chupase cuando sabia que se derretia por hacerlo.- Ahora cena y luego a descansar que hoy a sido un día muy largo princesa- y un sonoro bofetón puso fin a aquel juego y dio comienzo a una agradable charla, risas, a alguna caricia y algún beso

miércoles, 25 de abril de 2018

La Dulce Crystal 2ªparte

Cristal terminó de enjabonarse, disfrutando del ultimo rato de soledad del que dispondría en lo que restaba de día. Salió de la ducha y secó su cuerpo con delicadeza y seguidamente lo hidrató, le gustaba el contraste que la crema solía hacer con su cuerpo al salir de la ducha. Salió del baño y entró en la habitación, allí estaba Cristopher tan guapo como siempre, peleándose con el nudo de la corbata y con su melena despeinada, Ella se acercó y lo ayudo a terminar con el nudo, se puso de puntillas, le dio un sutil beso, le revolvió la melena y se dispuso para vestirse.
-Cristal, ahí encima de la cama-Cristopher señalaba el lado donde ella dormía. Había preparado un vestido rojo precioso, unas medias negras con dibujo y unos zapatos del mismo color que el vestido. Encima de la mesilla había dejado un juego de pendientes collar y un anillo de color negro que él mismo la había regalado al poco de empezar y que la sentaba muy bien. -Dejo a tu elección la lencería, te espero abajo. – decía Cristopher mientras salía de la habitación y terminaba de preparar las cosas para que estuviese todo listo cuando Cristal bajase, porque, la verdad, se les había echado el tiempo un poco encima.
Al poco rato apareció en la escalera, estaba deslumbrante. El vestido rojo le queda justo por encima de la rodilla y tenia una abertura en el lado derecho que insinuaba un precioso muslo que invitaba a pecar, el brillo de aquel vestido congeniaba de una forma espectacular con su sonrisa siempre tan deslumbrante y los complementos la hacían lucir perfecta. Cristopher se acercó y la colocó el abrigo, puso el bolso sobre su hombro y la empujo levemente para que empezase a caminar. Salieron de casa y subieron al coche, tuvieron un viaje tranquilo, con una charla distendida y miradas cómplices.
Al llegar al restaurante les atendió como siempre su camarero de confianza Luigi. El sitio era ideal, con una decoración vintage, en mesas preparadas para no más de 4 comensales, con unas lamparas que colgaba elegantemente del techo y un papel pintado que haría las delicias de cualquier amante de lo clásico. Luigi los dirigió hasta su mesa habitual, retiro la silla para que cristal se sentase y les recogió los abrigos. Cristopher pidió una botella de vino y unos panes con diferentes ingredientes, ella seguía su conversación, pero a la vez le daba vueltas al echo de no haber pedido directamente.
 Charlaban sobre lo que harían después de la cena cuando de repente unas manos taparon los ojos de Cristal y una risa picará descubrió la sorpresa, se puso en pie casi de un salto y abrazo con una enorme alegría a su amiga se dijeron lo mucho que se habían echado de menos los 3 meses que llevaban sin verse y seguidamente abrazo y besó a Paul. No podía creerlo allí estaban los 4 después de 3 meses sin verse y ella era inmensamente feliz. Tomaron de nuevo asiento y pidieron la cena que transcurrió entre risas y puestas al día de la vida de los 4 amigos.
Casi habían terminado con el segundo plato cuando Cristopher puso su mano sobre el muslo de Cristal y la miro fijamente, la acarició el pelo y mirando a sus amigos dijo:
-Cristal cariño, ¿te importaría agacharte y abrocharme el cordón del zapato, por favor? – Su cara era un poema, ¿enserio le estaba pidiendo eso allí? Aunque bien pensado la mesa tenia un mantel de color beige que llegaba hasta el suelo y al menos nadie la vería. – Cariño necesito tu ayuda, ¿No iras a decirme que no? – Ella sonrió de medio lado, le pellizco una mejilla y le dijo:
- Por supuesto que no amor,¿ para que estoy yo si no es para ayudarte? – Lo miro deseosa aun que algo avergonzada y se agacho bajo la mesa. Para su sorpresa el botón del pantalón ya estaba desabrochado, la cremallera bajada y parecía que alguien se alegraba de verla.
Cristal comenzó a jugar con la polla de Cristopher primero con las manos, despacio, acariciándola toda entera, para que lo sintiese bien, para que disfrutase de lo que acababa de pedir… la mano de él se poso sobre la muñeca izquierda de ella que estaba apoyada sobre su muslo. Enseguida recordó izquierda no, derecha sí y mientras los amigos decidían que iban a tomar de postre, Cristal le estaba haciendo una mamada a su Amo, complaciendo y haciéndole disfrutar. Mientras tanto Rachel de vez en cuando colaba la mano por debajo del mantel y acariciaba a su amiga, la tocaba el pelo o los hombros, a ella le encantaba sentir el contacto con su amiga y la hacía humedecerse aún más. Cristal aumento la velocidad con la que le comía la polla a su Amo pues no quería perderse el postre y la oportunidad de continuar hablando con Paul y Rachel. De pronto una mano presiono levemente de nuevo su muñeca izquierda.  “Cristopher quería que parase, pero de eso nada yo quiero que termine y que termine en mi boca” pensaba Cristal ansiosa por recibir su premio. Por segunda vez la apretó la muñeca, pero esta vez con más fuerza.
-Cristal ¿te as enredado con los cordones? Ya puedes salir cariño – y una carcajada salió de su garganta seguida de la risa de Paul y el rostro sonrojado de Rachel.
Cristal salió de debajo de la mesa y no sabía dónde meterse, su rostro se había tornado en un precioso color rojo debido a la vergüenza y jugueteaba con sus manos. Cristopher la agarro la barbilla la levanto la cara y la limpio la boca, la acaricio suavemente el pelo y la dio la enhorabuena por lo bien que lo había hecho.
Los 4 amigos volvieron a su conversación anterior mientras tomaban el postre y concretaban los planes para continuar la noche. Al terminar, Luigi les trajo los abrigos y los chicos se adelantaron al salir. Rachel cogió a Cristal del brazo la detuvo, la beso y la dijo:
-Enhorabuena amiga, lo as echo genial, yo no se si hubiese podido – La abrazo y salieron juntas del restaurante.

La Dulce Crystal 1ª parte

El silencio y la paz reinaban en la casa mientras aquellos cuerpos descansaban reposando tranquilamente sobre la cama. Ella estaba totalmente estirada boca arriba y con su brazo izquierdo estirado de tal forma que su mano conseguía rozar el cuerpo del el, que, se encontraba de costado, pero totalmente estirado. Era el inmenso calor lo que mantenía a aquellos dos separados, el calor…. Y el cansancio.
Cuando dieron las 18:00 una melodía inundo la casa y sus cuerpos empezaron a desperezarse, a estirarse y a salir de aquel breve letargo que les había renovado de energía. El siempre despertaba con una sonrisa henchida de orgullo y satisfacción al verla a ella tan bonita y a su lado, le había costado mucho llegar a aquel punto. Sin embargo, ella abría poco a poco sus ojos y hacia pereza en la cama remoloneando y molestándolo con el pretexto de estar 5 minutos más en la cama. Ciertamente si alguien viese a esos dos levantarse no podría parar de sonreír, el se bajaba de la cama y la cogía de los tobillos, tiraba, la hacia cosquillas… pero ella siempre conseguía volver hacerlo caer en la cama y hacerle arrumacos, darle mordisquitos y pequeños pellizcos hasta que finalmente el se levantaba, la miraba y la mandaba a la ducha……

-Cristal, vamos a la ducha que tenemos el tiempo justo para salir de casa y llegar al restaurante- su gesto cambiaba por completo como si regañase a una niña pequeña que no hace caso y que todo la da igual.
Cristal arrugaba la frente, arrastraba su trasero por la cama y cuando llegaba al borde, balanceaba sus pies y jugaba con sus manos.
-Amo… por que no se viene usted a la ducha conmigo…anda por favor…acompáñeme- lo miraba con su cabeza girada hacia un lado y la mirada de inocencia más pura que alguien pudiese imaginar. Aun que nada inocente pasaba por la mente de la dulce Cristal cuando hacia aquello y lo peor es que nadie podía resistirse a aquella mirada.
-Cristal ve a la ducha. Si lo creo oportuno en ratito iré a hacerte compañía- Cristopher pronunciaba aquellas palabras con un tono de dureza en su voz, mientras con los ojos devoraba el cuerpo que tanto deseo y placer le causaba.
La pequeña Cristal bajo de la cama y cabizbaja anduvo hasta el baño, mientras escuchaba el sonido de la cafetera y colocaba las cosas del baño. Puso el agua bien caliente, casi quemando, extiendo una toalla a los pies de la ducha, se quito la camiseta y se introdujo en la ducha. El primer contacto con el agua siempre la hacia dar un pequeño respingo dado al contraste de temperatura. Mientras el agua resbalaba por su cuerpo, olvidaba todas las preocupaciones y disfrutaba del calor de aquella ducha, olvidando el tiempo y casi su propia existencia. Fantaseaba con un descapotable a 200km/h con la capota levantada y el viento despeinando su melena pelirroja y su canción favorita sonando a todo volumen por una carretera infinita y con un sol espectacular y brillante….- ahhh!! Que susto- Cristopher se había metido en la ducha y la había tocado el hombro mientras ella estaba absorta en su fantasía. Él no podía parar de reír ante su reacción siempre la pasaba igual, Cristal y sus fantasías….
-y bien, dime que querías antes con tanta insistencia para que tuviese que acompañarte en la ducha. Cuando yo creo que es en el sitio que menos ayuda necesitas. – Su tono era cortante y reprochador. Siempre que tenían prisa por algún motivo a Cristal se le encaprichaba algo era una como una niña consentida.
La cara de Cristal se puso roja y se le dibujo una pequeña sonrisa a la que acompañaba su típico juego de manos de cuando se ponía nerviosa. A partir de aquel momento ya no era muy capaz de pronunciar muchas palabras seguidas o de formar frases muy largas, a partir de ahora necesitara toda la ayuda que Cristopher pueda proporcionarla.
-Cristal, ¿ya has entrado en mute? ¿De verdad?- Y dos sonoros bofetones cayeron sobre sus mejillas que cada vez se tornaban en un rojo más intenso….
Cristal devolvió una mirado retadora a su Amo, a lo cual, Cristopher la agarro del pelo y tiro de él hasta hacer que quedase de rodillas, con la cabeza levantada mirándole a los ojos. Ella era muy consciente de lo que vendría a continuación y Cristopher podía ver en sus ojos arrepentimiento y algo así como una súplica.
-Habla puta, habla ahora o no digas ni una sola palabra más-Cristal agacho la mirada y… -mírame a los ojos Cristal, mírame cuando me hables- de nuevo alzo la vista, mientras sus lagrimas se mezclaban con el agua de la ducha y comenzó a hablar -Lo siento, lo siento mucho Amo, no pretendia nada con la mirada… yo… los siento de verdad- Mientras Cristopher disfrutaba de ver como su perra rogaba y suplicaba perdón – De nada valen ya los arrepentimientos Cristal, ahora viene tu castigo, y bien sabes, que los castigos sirven para corregir conductas- Ella no podía creer lo que estaba a punto de pasar, aun que de sobra lo sabia -Quiero que abras bien la boca y me mires hasta el final, no quiero que te muevas. ¿entendido, Cristal? – Lo miraba con desconcierto y asombro, habían hablado varias veces sobre el tema, pero Cristopher sabia de sobra que era algo no terminaba de convencerla y claro ahora lo usaría como castigo -Pero…- Cristopher tiro de su pelo dejándole el cuello bien tenso y en señal de si tenia algo más que decir – Entendido, Amo. –
Allí estaban los dos en aquella preciosa estampa, ella de rodillas con la boca abierta y el agua cayendo sobre su cara mezclándose con sus lagrimas y él impetuoso, de pie, y agarrando su polla dispuesto para marcar a su perra. A sí que se relajó, clavo su mirada en ella y dejo que su orina llenase la boca de Cristal. Disfrutaba mucho viendo como desbordaba de su boca y caía por todo su cuerpo, como recibía su castigo con toda la entereza posible y como su cara iba cambiando de gestos según entraba su orina en la boca, quitando algún intento que Cristal hizo para quitar la cabeza aguanto muy bien y eso siempre llenaba a Cristopher de orgullo. Cuando acabo, la acaricio la cara y la ayudo a levantarse, retiro el pelo de su cara y la beso, la beso con pasión, con desenfreno, con algo de rabia y con amor.
-Muy bien Cristal, lo has hecho muy bien. Ahora termina de enjabonarte y aclararte que nos tenemos que ir- La dio un beso y salió de la ducha antes que ella para dejarla un poco de espacio y tiempo.

jueves, 15 de octubre de 2015

ROJO, TÚ


Al fin ha llegado el día, puedo sentirte cada vez más cerca y como se acelera el ritmo de mi corazón según pasan los minutos.

Me encuentro de pie bajo un cartel que pone llegadas: `` Pontevedra-Madrid´´. Mi cuerpo entero esta tenso, no veo el momento en que bajes de ese autobús y me hagas tuya. Mientras me pierdo en mis pensamientos, imaginando como serán esos días que pasaremos juntos, veo aparecer de lejos tu autobús ese mismo que me entregara a tus brazos. Es increíble, puedo sentir como a medida que se acerca a su línea de aparcamiento mi corazón se acelera.

Comienza a bajar gente mientras te busco ansiosa con la mirada. Ahí estas una sonrisa se dibuja en tu cara es algo picara pero llena de dulzura, por un momentos nuestros ojos se encuentran y mis mejillas se ruborizan, puedo sentir como me arden mientras recoges tu maleta. Cuando terminas te acercas a mí, te quedas delante mirándome de arriba abajo como quien mira una exquisita comida antes de degustarla. Me tiemblan las piernas…creo que el cuerpo entero. Me tomas la mano y en voz baja como dos amantes que se hablan a escondidas sueltas algo casi inteligible, algo así como -Hola dulce-. De repente salgo de mi ensoñación y me agarro a tu cuerpo con toda esa ilusión contenida, te abrazo y te beso.

-Hola mikel, que ilusión tenerte aquí por fin. No veía el momento y….bueno ya estamos juntos. Venga vámonos tenemos muchas cosas que hacer y….- Los nervios me podían había empezado a hablar y ya no podía parar.

-Dulce, dulce ¡ey! Tranquila, ya estoy aquí- Te mire embelesada, como alguien que no cree lo que ahí ante sus ojos- Por cierto ¿creo que hay algo que tenías que demostrarme no?

Mis mejillas se tornaron en un rojo intenso mientras me acercaba a tu boca y te besaba como si no hubiese mañana, como si fuese el último beso en vez del primero. Ardía por completo y necesitaba que lo supieses, que supieses que no podía esperar hasta la noche o moriría prendida en mi propio fuego. Al separarme de tus labios una sonrisa malvada se había dibujado en tu cara, al parecer te divertía mucho ese ardor que recorría mi cuerpo y por lo que tu gesto denotaba estabas dispuesto a dejarme a si todo el día…No podía ser posible tenía que conseguir de alguna manera que cedieses. Mil veces me habías dicho las ganas inmensas que tenías de hacer tuya, estaba casi segura que si jugaba un poquito contigo caerías.

Pero no fue así. Paso la mañana entre la ida al hotel, colocar las maletas, los juguetes que había dentro de ella y mis ganas aumentaban pero tu permanecías impasible. Luego fuimos a comer a un pequeño restaurante situado en el centro de la ciudad, rodeado de sus gentes y sus encantos peculiares.

-Adelante Dulce siéntate- Retiraste la silla para que me sentase y me acercaste a la mesa.

-Gracias Mikel- Dibuje una sonrisa de niña encantada con una piruleta que la acaban de comprar.

-Bueno pues ya estamos solos y con un poco de tiempo para hablar de nosotros, dime. ¿Qué esperas de la noche de hoy, Dulce?

-Yo… ¡Espero que sea maravillosa!-Ups eso ha sonado demasiado alto y los señores de la mesa de al lado nos miran curiosos- Perdón, baje mi tono de voz y continúe-  Pues espero que sea maravillosa, que cumplamos  alguna fantasía y sobre todo….-baje el tono de voz y le dije- sobre todo que me hagas tuya- Una sonrisa pícara se dibujó en mi cara mientras la timidez se iba desprendiendo de mi cuerpo, me sentía cada vez más a gusto a tu lado.

Terminamos de comer mientras charlábamos alegremente y hacíamos planes futuros e imaginarios. Tú me sacabas de vez en cuando los colores porque te gustaba la timidez que invadía mis mejillas y el calor que invadía mi sexo. Podía ver como disfrutabas en tus ojos e indudablemente en tu sonrisa. Aún quedaba mucho día por delante y tú solo jugabas a provocarme, ibas a volverme loca. Pasamos la tarde caminado por la ciudad, observando a sus viandantes, charlando de las parejas de jóvenes enamoradas que paseaban llenas de felicidad, de ese grupo de amigas sonrientes y despreocupadas y de esos amantes que parecen caminar escondidos entre tanta gente.

Cuando dieron las 19 entramos en una cervecería irlandesa era bastante grande pero tenía unos rincones bien apartados de la gente donde podríamos tener algo más de intimidad, nos sentamos y se acercó a nosotros un chico bastante mono y joven. Tenía el pelo castaño claro, unos preciosos ojos verdes y era de complexión media fuerte. Por un segundo me quede mirándolo fijamente hasta que el pobre muchacho se ruborizo por completo y aparto la mirada.

-Buenas tardes, ¿Qué desean tomar?- La voz de aquel pobre muchacho temblaba sin parar al igual que su pulso.

-Una coronita- Dije adelantándome a ti, mientras miraba al muchacho, yo también sabia jugar.

-Que sean dos por favor- Le dedicaste una sonrisa un tanto extraña y el camarero salió escopetado de allí. Mientras me mirabas con ojos castigadores. En realidad tampoco había hecho nada…solo ser un poco traviesa, nada más.

-¿A sí que el buenorro del camarero hace que mojes tus bragas? ¡E perra!- Tu gesto había cambiado por completo, tu voz, tu postura. Ahora sí que había mojado las bragas, me encantaba ese momento dominante, esa voz inquisitiva….

-Esto… No, ¿enserio? ¿Estas celoso o algo así?-Me encantaba provocarte y sé que me estaba buscando un buen castigo pero me encantaba aquel momento.

-¿Cómo dices dulce? ¿De verdad quieres que jugamos a esto?- No podía parar de sonreír como una niña estúpida, mientras tu planeabas algo verdaderamente malvado.-Ven siéntate a mi lado-

-Pero…no…aquí…solo era un juego estúpido- Te dije mientras deseaba que me tragase la tierra, aunque mi entrepierna no decía lo mismo.

-Nada de peros dulce. Siéntate aquí, ahora- Umm me encantaba cuando ponías esas voz…era tan…tan excitante.

Agache la cabeza y me senté a tu lado, cuando viste aparecer al camarero levantaste mi falda y comenzaste a acariciar mi pierna, según se acercaba más arriba me acariciabas. Podía ver su sonrisa y su rubor dibujados en su cara. El disfrutaba tanto como tú, y al fin y al cabo, como yo. Como el bar estaba bastante lleno paso muchas más veces por al lado de nuestra mesa hasta convertirse en un cómplice más de aquella escena en la que tu subías cada vez más tu mano, la pasabas por mi entrepierna y al final introducías tus dedos dentro mí.- Umm estas empapada, a si me gusta como una buena perra- Sacaste los dedos y jugaste con mi clítoris hasta que estuve a punto de correrme -Pide permiso Dulce-. No podía articular palabra, trague saliva y muy bajito te pedí permiso para correrme.- No aún no es el momento-.Dejaste de acariciar mi clítoris y me diste tu mano para que la limpiase. ¡Uf! Todo el mundo nos miraba y al volver al mundo real, una timidez absoluta me invadió de repente.-Dulce, limpia a tu Amo-. Le mire a los ojos y sin dudarlo un segundo más lamí su mano, sus dedos unos a uno hasta que quedo bien limpio.-Muy bien Dulce, ahora llama al camarero y pide la cuenta- Así lo hice, pagamos, nos cruzamos unas miradas con el camarero y nos marchamos, al pasar por su lado y como me sentía juguetona, le dedique una sonrisa y le dije: Adiós y muchas gracias por todo.

Cuando salimos del local la noche había caído sobre Madrid, eran ya las 21 a sí que nos dirigimos al hotel, entre risas y manoseos sin importar las miradas de curiosos y escandalizados que no podían quitarnos ojo. Se acercaba el momento y mi respiración al igual que mi pulso se descontrolaba por momentos, llegamos al hotel y subimos a la habitación, primero entraste tú y seguidamente yo.

- Dulce mírame-. Mis ojos estaban enturbiados por la emoción.

-Ya está, llego nuestro momento así que escúchame. Ve al baño y dúchate, cuando salgas quiero que te pongas guapa, escoge lo que quieras te dejo a tu elección ya sabes lo que a mí me gusta. Cuando termines de vestirte y arreglarte quiero que coloques todos los juguetes encima de aquella mesa y también esa caja de ahí ¿Esta claro?.

-Si…sí señor, todo claro-Mi sumisa interior había salido y ya estaba lista para aquella noche llena de sorpresas.

-Muy bien Dulce, ve a prepararte. Pero antes ven, acércate- Llevaba mi mirada clava en el suelo, me agarraste la barbilla la levantaste y me besaste, me besaste con ganas, con pasión, con deseo y con fuego.- Ya puedes ir.

Me metí en el baño, cerré la puerta, me quite la ropa y me metí en la bañera. Deje que el agua resbalase por mi cuerpo, pero sin tardar demasiado, me frote bien con la esponja, me lave el cabello y cuando salí me envolví en la toalla, me quite la humedad de mi cuerpo y salí a la habitación.
Allí estabas recostado, en calzoncillos y con un gran erección-Ya estoy- Te levantaste y al pasar por mi lado tiraste de la toalla que cayó al suelo sin ninguna resistencia- a si mucho mejor Dulce- Tus ojos se entretuvieron un rato en mi cuerpo pero enseguida te fuiste al baño. Empecé a vestirme, unas medias negras de blonda con un bonito dibujo, un tanga negro y un liguero rojo. Una falda negra, un corsé negro y rojo a juego con unos preciosos tacones del mismo color, unas gotas de perfume y algo de maquillaje. A continuación prepare todos los juguetes y mientras lo hacia mi sexo se empapaba solo de pensar en que tú lo usases en mi cuerpo. Cuando acabe me senté en la cama a esperar que salieses y en un momento estabas fuera.

¡Oh! Que maravillosa vista tu torso estaba desnudo pero tus piernas lucían unos preciosos vaqueros que se ceñían perfectamente a tu culo.

-Estas preciosa dulce, da una vuelta para que te vea bien, por favor- Ya empezamos a jugar a ruborizarme….

-Ven acércate, esta falda es preciosa, pero a mí me sobra.- La desabrocho y la dejo caer al suelo.
Se acercó a la cámara y me saco un par de fotos-Estas…Para follarte viva-Dejo la cámara sobra la mesa y se acercó a mí-Dame esa caja por favor-No dude un segundo y se la di-Ábrela Dulce-Estaba muy nerviosa me temblaba el pulso y el corazón estaba desbocado. Al abrirla vi un collar y mi cara fue de sorpresa, alegría y confusión- Dulce, no hemos hablado nada de esto pero aun que aún no sea oficial quiero que solo tengas sesiones conmigo y que lo hagas con este collar y esta correa. ¡Uff! Aquello era demasiado pero me encantaba.

Me puso el collar y empezamos el juego, nuestro juego el que tanto habíamos deseado y anhelado hasta ese instante.

Se acercó a la mesa y cogió la pala. Pon el culo en pompa y apoya tus manos en la cama, estos azotes son por provocar al pobre camarero y por provocarme a mí durante tanto tiempo, cuando acabe debes de dar las gracias Dulce.

Comenzó azotándome suavemente y fue subiendo poco a poco la intensidad, llego un momento en el que los azotes escocían mucho y no podía para-Dulce para quieta o esto no tendrá fin- Intente controlar mis piernas pero aquello se hacía casi imposible. Cuándo creíste conveniente paraste, te di las gracias y acariastes mis nalgas ardientes y las distes un beso-Tienen un color precioso, mírate en el espejo- Y así era estaban preciosamente ardientes y rojas. Dejaste la pala y cogiste la mordaza, unas velas y unas cuerdas. Estuvimos jugando un buen rato con las cuerdas creastes algo muy bonito y apretado sobre mi cuerpo, cuando acabaste, me ayudaste a tumbarme en la cama boca arriba. De esta manera quedaba expuesta a tu antojo, ya que la atadura dejaba mi sexo libre. Me colocaste la mordaza y empezaste a verter la cera caliente sobre mi cuerpo jugando con la altura y el calor. Me sentía explotar, aquellos juegos me estaban volviendo loca completamente, mi sexo ardía y palpita deseoso de llegar al orgasmo. Mientras esparcías la cera, con la otra mano masajeabas mi clítoris mientras yo me estremecía. Al terminar, me desataste, me quitaste la mordaza y me restregaste las babas por la cara, Umm, me encantaba sentir mi babas, todas ellas eran por ti.

Me besaste y te alejaste para coger unas pinzas, las pinzas de cascabel. Te metiste primero un pezón en la boca lo chupaste y luego el otro, para colocar bien las pinzas.-A cuatro patas Dulce- Me puse a cuatro patas enganchaste la correa y paseamos por la habitación mientras las pinzas hacían un sonido rimbombante. Te acercaste a la puerta de la habitación y yo me pare en seco`` Ahora? Ya? No podía ser, moriría de vergüenza ¿y si alguien nos ve?´´-¿No quieres Dulce? Si no quieres no lo haremos- Agache la cabeza y destense la correa dándole permiso para que me sacara de la habitación-Esta bien será corto, para que no sufras demasiado-.

Salimos de la habitación y los cascabeles empezaron a sonar, la vergüenza y la excitación invadían mi cuerpo y vi como tu erección quería escapar de ahí. Algunas puertas se abrían, no del todo, y unos ojos curiosos miraban a través de ellas. Al dar la vuelta ya de camino a la habitación una de ellas se abrió de par en par y salió un hombre algo mayor pero bastante atractivo.

-Vaya perra más bonita que tienes- Dijo mientras se masturbaba.

-¿Le gusta? ¿Quiere que haga algo esta perra para usted?-dijiste con una sonrisa de oreja a oreja

-Umm, porque no le follas la boca, follasela duro.-Dijo mientras el placer se dibujaba en su rostro y su erección crecía en su mano.

¿Cómo? ¿Enserio? ¿Aquí, en medio del pasillo? Te mire a los ojos suplicando que no lo hicieses, que le dieses una excusa a aquel desconocido y nos fuésemos a la habitación. Pero no fue así. En vez de eso me ordenaste ponerme de rodillas, te bajaste el pantalón, agarraste mi cabeza y metiste tu erección en mi boca de golpe y me dio una pequeña arcada, me dejaste respirar un segundo y empezaste a follarme la boca. Deprisa, despacio, más y más deprisa. Toda mi pintura se había corrido por las lágrimas que salían de mis ojos y mi estómago daba arcadas de vez en cuando, que era el recordatorio para respirar. Cuando aquel señor termino de masturbarse se corrió y sacaste tu polla de mi boca.

-Una perra encantadora-Dijo aquel hombre satisfecho.

-Un placer- Contéstate orgulloso de tu posesión.

Restregaste mis lágrimas por mi cara y me diste un beso en la frente.- Muy buena perra-.
Marchamos a la habitación y cuando estábamos allí dijiste: ``te has ganado un premio perra´´.

-Túmbate en la cama en posición de entrega.

Me tumbe y te espere paciente. Te acercaste a mí y me embestiste como una mala bestia, un grito de placer y dolor salió de mi boca. Estabas completamente desbocado agarraste mi pelo y empezó un baile de penetración incesante. En ese momento era tuya. Bajaste el ritmo y saliste de mi-Túmbate, quiero que te toques para mí-Me tumbe boca arriba con las piernas bien abiertas y empecé a tocarme para ti. Primero despacio, si lo hiciese deprisa me correría enseguida y luego más deprisa. No podía parar de tocarme viéndote a mi lado masturbándote y gimiendo de placer. Cada vez lo hacía más deprisa, notaba como mi cuerpo se tensaba y llegaba poco a poco al orgasmo, cuando estaba apunto pedí permiso-¿Puedo correrme, amo?-Si perra córrete para mí- Y en ese instante un gemido en voz muy alta salió de mi boca y mi cuerpo exploto en un inmenso placer. Al escucharme te corriste, allí a mi lado, conmigo.

Había sido un día intenso y largo, nos dimos un baño juntos hablamos de la sesión, nos mimamos mutuamente y dormimos juntos llenos de placer, llenos uno del otro. Antes de cerrar los ojos te dije algo, algo especial

TUYA, TUYA PARA SIEMPRE.





martes, 10 de marzo de 2015

CERCA, MUY CERCA

Es martes 24 de marzo y por fin ha llegado el día en que vamos a conocernos en persona. Después de tanto y tanto imaginar, al fin ha llegado.
 Son las 12 y apenas quedan tres horas para que llegues y poder tocarte y ver que eres 100% real, a veces pienso que solo eres parte de mi imaginación y... Vendita imaginación.
 Me meto en la cocina y tranquilamente preparo la comida para los que comeran aqui. Tu y yo comeremos fuera, estoy tan emocionada!. El tiempo pasa sin apenas darme cuenta cuando me giro para observar el reloj de la cocina ya son la una y cuarto. Retiro la comida del fuego, dejo la olla tapada y me dirigo a mi cuarto. Me paro ante la puerta de mi habitación y la observo con mis pensamientos dispersos en mil cosas, mi corazón late inquieto y mi cerebro esta que echa humo de lo rápido que esta funcionando. Al fin me centro un poquito, lo justo y entro en la habitación, abro el armario de par en par y lo miro como maldiciendolo por la ropa que ahi dentro de él, casi nunca me gusta lo que veo, asi soy yo.
Después de darle una cuantas vuelta al que ponerme saco una falda negra y un corsé negro-voy a ser la mujer de negro- pienso, y acto seguido sonrió tímidamente. Ahora abro el cajón de la ropa interior y saco un par de medias, son unas de mis favoritas. El conjunto interior ya lo tengo fuera pues es nuevo y ni si quiera lo había guardado. Una vez que lo tengo todo listo me dirijo a la ducha. Ya en el baño, me quito la ropa abro la ducha y espero unos segunditos a que el agua salga caliente. Me meto en la ducha y dejo que el agua corra delicadamente y suave por toda mi piel. Cojo el champú y masajeo suavemente mi cabeza, hacer esto es uno de los mayores placeres que ahi - ummm, esto si que relaja-. Una vez termino me aclaro y me aplico el acondicionador, si no, no habra quien dome esta melena, una vez aplicado cojo mi esponja la lleno bien de jabon y froto bien cada rincon de mi delicado y hermoso cuerpo. Una vez mas dejo que el agua resbale dichosa por mi piel, para salir y prepararme. Cuando estoy fuera de la ducha vuelvo a la habitación donde termino de secarme, me aplico bien de crema por todos lados y comienzo a vestirme.
 Primero la ropa interior, el liguero, los pantis, primero uno y luego el otro, los abrocho y sigo. Continuo con la falda y luego el corse. Me dirijo a la mesa y cojo mi estuche de maquillaje, un poco de sombra, rimel, delineador, un poco de colorete, algo suave y algo muy importante para una super mujer, el pintalabios rojo. Cuando acabo saco de una bolsita un collar, una pulsera y unos pendiente que habia comprado el dia anterior y me los pongo.
 Una vez lista compruebo que no me falte y que no olvido nada y salgo de casa. Abro el coche y dejo las cosas en el asiento de atras, me acoplo en el asiento, pongo mi cd favorito, relajo un poco estos nervios que me tienen loca y me encamino a mi destino. Conducir en Madrid es un autentico asco, la gente se olvida de los intermitentes, mirar los espejor... Pero por suerte en 20 minuto llego a mi destino. Aparco y tranquilamente entro en la estación, e llegado un poco pronto pero no soy capaz de mantenerme sentada y doy pequeños paseos de aquí para allí mientras la gente me mira - estoy arrebatadora- pienso mientras sonrió de medio lado. En apenas dos minutos el tren hara su entrada en la estación y tu yo estaremos mucho más cerca aún ¡ pero que nervios! Miro mis uñas... No nada de morderlas y sigo con mis paseos cada vez mas cortos y mas a prisa mientras sigo sumergida en mis pensamiento y...
 -¡oh! Perdón- digo. Mientras caminaba e chocado con alguien sin querer.
 -¿perdòn? ¿es todo lo que tienes que decir?-exclama mientras rie tontamente.
Alzo la vista y... Es el, me siento tan tonta, a si que, como me e quedado sin palabras, lo miro fijamente a los ojos y sonrio.
-Hola, dulce- dice, mientras me observa de arriba abajo sin perderse un solo detalle.
 -Hola...ladronzuelo-pronuncio dubitativamente, pues aùn no se su nombre y ahora ya mas animada pregunto sin apenas dudar-Bueno que¿Me vas a decir tu nombre?-
-No dulce aún no. Te lo diré cuando sea el momento- y derepente me beso como si no hubiese un mañana. Fue un beso lleno de pasión y fuerza. Porfin, ahi estaba mi hombre dominante al que tanto habia esperado.
Enfrascados en una agradable conversación sobre donde ir a comer, quien dormiria en que lado de la cama y cosas vanales no dirigimos al coche. Subimos y nos pusimos en marcha hacia el hotel, en el camino hubo silencios... Silencios que me ponian el bello de punta, sentirlo tan cerca, escuchar su respiración y sentir su fuerza en mi cuerpo que traspasaba a traves de su mano apollada en mi pierna, podia notar sus ansias. Llegamos y aparco el coche, coje su peña maleta donde lleva su equipaje y andamos hacia el hotel, por suerte e aparcado muy cerca a si que enseguida llegamos. Entramos, nos acercamos a la recepcion y lo deja todo arreglado. Subimos a la habitación, no esta nada mal es una habitación bastante mona, él deja sus cosas sobre la cama y empieza a ordenarlas, mientras espero ansiosa a que termine.
 -¿Sigues nerviosa, Dulce?-pregunta con ese tono de voz que... Uff, me vuelve loca.
-Si, un poco... Ya sabes que soy bastante timida-digo mientras mis mejillas se ruborizan y mi cuerpo esta a punto de entrar en combustión.
-A parte de tu timidez. ¿Por que mas estas nerviosa?
 ¡Queee! Enserio me pregunta por que estoy nerviosa. ¿Que pasa que no no lo sabe? Después de esperar tanto este momento, de tantas decepciones, de que quiere picharme un dedo para que firme con ¡mi sangre! Un contrato y aún me pregunta eso... -
-Pues... Esto... Yo... Es que el tema de lo de firmar el contrato con sangre me tiene algo alterada- digo, aunque, solo sea para salir del apuro y por no enumerar las mil cosas restantes.
-Dulce- pronuncia mi nombre, su nombre, el que él me puso, mientras yo me derrito-solo sera un momento, apenas te enteraras y ademas aqui estare yo por si me necesitas-dijo mientras me deshacia con su mirada.
 -Si...ya...- dije tan bajito que no estaba segura de si me habia escuchado.

Necesitaba cambiar de tema y relajar el ambientea si que le propuese ir a comer, pasear un rato y tomar algo antes de '' pasar a la acción''. La comida discurrio agradablemente en una divertida conversación y con su mania de sacarme los colores. El paseo estuvo entretnido entre carcajadas, proposiciones obscenas y algun que otro manoseo. A eso de las cinco entramos en un bar y pedimos unas cervezas-para amenizar el rato-.
 -¿Sabes que se acerca la hora verdad, dulce?¿Como te encuentras?-dijo mientras me observaba
 -Si...lo se. Bueno, yo... No consigo tranquilizarme y cuanto mas cerca esta más nerviosa me pongo- digo intentando titubear lo menos posible, esta ansiedad me mata.
-Tu tranquila, que estando conmigo no te va a pasar nada,nada bueno- dice mientras rie a carcajadas y yo pongo los ojos en blanco.
Llega la hora y nos marchamos al hotel, necesitamos un rato de intimidad. Al entrar por la puerta del hotel mi corazon empieza a latir desbocado, imaginando aquella escena en la que él pincha mi dedo y una gota de sangre brota del mismo y las mil cosas sobre las que tenemos que hablar... Uf me siento un poco desbordada. Lo miro, él me mira y su mirada me relaja aunque solo sea por un instante. Entramos a la habitación y veo que encima de una pequeña mesita ahi preparadas dos copias de lo que si mal no imagino es nuestro contrato.
 -Dulce, traeme esos papeles porfavor y... Abre el armario, en el primer cajón ahí una caja tráemela también- dice dictatorialmenete.
La persona relajada y amistosa de antes a desapareciodo, pero mi hombre dominante me encanta y hace que mi cuerpo arda. Sumisa y obediente hago caso sin rechistar, le acerco lo papeles y la cajita.
-Ven sientate, aqui a mi lado. Me sente y empezamos a comentar cada punto del contrato, a anilizarlo y ponerlo en común. Hablamos sobre mil cosas, palabras de seguridad, codigo de colores, limites... Estaba tan nerviosa... Una vez terminado y analizado todo minuciosamente, me miro desafiante y me pidio que me le acercase la cajita, la abrió y me miro y me ordeno que me quitase el collar que llevaba puesto y me dieses la vuelta. Lo que tenia entre su manos hacia ruido, me lo paso por el cuello y me lo abrocho-¡Era mi collar, mi collar de perra!- Estaba tan emociona.
-Anda ve y mirate al espejo- dijo con una enorme sonrisa.
Me acerque al espejo y me miré, estaba preciosa, radiente, me sentia la mejor perra del mundo. -Gracias, señor-dije sin dudar ni un segundo.
 -Dulce, quitate los abalorios, la falda y los zapatos-Dijo desnudandome con la mirada, sediento de mi. Y eso mismo hice deseaba complacer a mi amo ante todo, que todo saliese a la perfección lo ansiaba con todas mis fuerzas.
-Ven aqui, arrodillate y levanta los brazos. Juntalos. Se alejo por un momento y volvio, traia una cuerda en sus manos.
Se arrodillo enfrente de mi y se entretuvo en atarlos bien, mientras disfrutaba con mi cuerpo. Me ayudo a levantarme y me dijo:
-Tumbate encima de esa mesa boca arriba y No te muevas- Ummm me encanta este lado tan salvaje que tiene la verdad es que saca mi lado mas sumiso.
Se dio la vuelta rebusco algo en su bolsa y enseguida volvio. Traia en su mano unas velas y un mechero-Umm, cera caliente- Que travieso que es, lo adoro. Encendio las velas espero unos segundos y empezo a derramar la cera sobre mi cuerpo ardiente. Mientras la derramaba jugaba con la altura, mas cerca mas calor-ufff, eso es dicificil de aguantar- y de repente... Mas lejos un descanso por segundo, que deliciosa tortura. Despues de juguetear un rato con las velas y llenarme de cerar TODO el cuerpo, se acerco delicadamente a mí y me desato las manos, masajeo dulcemente mis marcas y me beso salvajemente.
-Dulce tumbate en la cama boca arriba pegada al borde- Ordenó contundentemente.
 -Si,señor-me dirigi a la cama y me tumbe. Acto seguido el se acerco a mi con una mordaza en una mano y una fusta en la otra-¡Dios mio, creo que voy a volverme loca!-.
 -Abre la boca, Dulce- Abrí la boca y me coloco la mordaza.-Ahora voy a quitar toda esta cera que no deja ver tu hermoso cuerpo.
 Cogio su fusta y comenzo a azotar todo mi cuerpo, primero despacio tanteando y observando mi reacción y poco a poco fue subiendo la intensidad. Cuando lo creyo conveniente me ordeno que me diese la vuelta para realizar la misma operación, se entretuvo... Sobre todo con mi culo el cual quedo bastante rojo.
-Dulce, ponte a cuatro patas-dijo ardiente en deseo y dejando a la vista lo que hiba a hacer... Me puse a cuatro patas el subio a la cama y se pueso detras de mi y sin previo aviso... Me envistio, enredo mi pelo en su mano y segui con sus envestidas salvajes hasta llegar al climax. Se bajo de la cama y me miro a los ojos.
 -Me encanta ver la cara de puta satisfecha que tienes, Dulce- dijo con cierto rintintin al pronunciar mi nombre. Me acaricio la cara, me quito la mordaza y dio por finalizada la sesión, pero solo de momento. Nos sentamos en la cama y charlamos sobre como habia ido la sesion, sentimientos y demás cosas.
 -Dulce, tu y yo aún tenemos algo pendiento no?- dijo observando los movimientos de mi cuerpo mientras el pronunciaba aquellas palabras.
-Si...si, señor-dije entre temerosa y deseosa de que llegase aquel momento.
-Ven, sientate en esa silla y dame tu mano. Me sente en la silla y le tendi mi mano con la palma extendida hacia arriba, él la cogio suavemente y con un alfiler pincho mi dedo indice. Di un pequeño respingo y el me dio un pequeño beso, dirigio mi dedo la papel y lo impregno con mi sangre. -Ya era suya, suya para siempre-.
 -Ya eres mia... Mia para siempre