Hola, a tod@s y muchas gracias por leerme y darme un trocito de vuestro tiempo.
Escribo cuando puedo y me siento inspirada, solo deciros que agradecería muchísimo que a parte de que leyeseis me comentaseis para saber que os parecen los relatos. Una vez más MIL GRACIAS.
martes, 29 de octubre de 2013
martes, 22 de octubre de 2013
7 Días En El Paraíso (2º partte)
Termino de vestirme y salgo del baño, miro
aún lado y a otro, pero no veo a Jaime, doy un par de pasos más hacia delante y
lo veo recostado en un sillón descansando con los ojos cerrados. Está tan
guapo… su rostro está totalmente relajado al igual que el resto de su precioso
cuerpo, su pecho se elevaba tranquilamente arriba y abajo, una de sus manos
sostiene su cabeza y el otro brazo descansa colgando de brazo del sofá.
Me acerco y le llamo:
-Jaime, venga, vámonos- se despereza y abre
los ojos poco a poco, mirándome fijamente.
Aquel momento me dejo sin aliento, se le veía
tan frágil, tan tierno, era como niño pequeño en busca de su mamá. Pero él me
buscaba a mí.
-¿Lìlian?-pronuncio mi nombre mientras
terminaba de abrir los ojos.
-Dime, Jaime-le dije acercándome a él y
revolviéndole el pelo.
-¿Llevas mucho tiempo ahí?-dijo con cara de
preocupación.
-Apenas 3 minutos, Jaime, vamos Madrid nos
espera.
Jaime se levantó y cogió sus cosas. Una
cartera que guardo en el bolsillo trasero de sus vaqueros y un móvil que se
metió en uno de los bolsillos de delante de su pantalón.
La verdad es que estaba guapísimo, llevaba
una camiseta azul que se ajustaba a su bonito cuerpo, que no era delgado, si
no, que estaba algo tonificado del gimnasio y un pantalón vaquero que marcaba a
la perfección ese culo tan prieto.
-Vámonos, Lìlian- dijo en un tono divertido
invitándome a salir de la habitación, con unos de sus brazos extendidos
señalando a la puerta abierta que sostenía con el otro brazo. Le dirigí una
sonrisa picara y Salí de la habitación delante de Jaime, el cual, me dio un
azote al pasar por allí. Soltó una sonora carcajada y dejo caer la puerta de la
habitación que se cierra sola mientras nos dirigimos al ascensor caminando por
el largo pasillo.
Charlamos animadamente hasta llegar a un
famoso barrio de Madrid para dejar el coche y dirigirnos al metro, para ir
hacia el centro de la ciudad donde pasaríamos casi todo el día.
A las 11:30 entramos en el metro, muy
sonrientes y contentos por habernos encontrado al fin.
-¡Vaya!- exclamó Jaime al ver la cantidad de
gente que se agolpaba en el metro a esas horas y que apenas te dejaban
respirar.
-Me alegro de tenerte aquí y poder apretarme
contra a ti- le dije sonriendo traviesamente.
-¿A sí?- contesto Jaime con esa media sonrisa
que delataba que algo estaba tramando.
-Dime, ¿Qué piensas?- le dije dándole un
pequeño pellizco en el antebrazo y sonriendo.
-¿Deberás, quieres saberlo?- me dijo
acercando su boca mi oído, causando que me ruborizada como el solo sabía hacerlo.
-Claro, me encantaría saberlo- dije
divertida.
- ¿No crees, que este sería un lugar perfecto
para exhibirte, perrita?-dijo haciéndome humedecer en el acto.
-Pero…eso…eso es una locura, Jaime-Dije
mientras jugueteaba nerviosa con mis manos.
-Mmm, ¿No te lo imaginas, perrita?-decía
mientras acariciaba mi cuello-Tu espalda pegada a mi pecho, cuando comienzo a
acariciar tus pechos y a bajar mi mano hasta llegar al borde de tus
pantalones…cuando de pronto meto mi mano dentro y comienzo a masturbarte, sintiendo
como te ruborizas y empiezas a humedecerte. Cuando todo el mundo te este
mirando y estés apunto de correrte parare porque te quiere así, siempre húmeda,
siempre lista para mí.
Sentía como me ardía la terriblemente la cara
y otras partes de mi cuerpo también. Estaba terriblemente excitada y podía
notar lo bien que se sentía Jaime al verme en aquella situación, un tanto
humillada pero muy excitada, tanto que sería capaz en aquel momento de hacer lo
que me pidiese, aun que fuese delante de toda aquella gente. Jaime me aportaba
la seguridad que me faltaba para hacer aquellas cosas.
Al fin llegamos a nuestra parada “Sol” al
salir de la estación le enseñe la plaza, la famosa pastelería “La Menorquina”
donde venden los mejores roscones de reyes, el famoso reloj de sol donde dan
las campanadas y donde por un momento nos imaginamos pasando una noche vieja
allí como dos chiquillos enamorados. Cuando acabamos de ver la plaza nos
dirigimos a gran vía, subiendo por la calle que da a la plaza de Callao,
hablando tranquilamente y poco a poco sin darnos cuenta queriéndonos aún más.
Al llegar a Callao decidimos tomar algo en el
Starbucks que había en la plaza, la verdad es que no había mucha gente y por
suerte quedaban un par de sofás libres al lado de la cristalera que daba a la
abarrotada plaza.
Nos encontrábamos enfrascados en una animada
conversación, cuando:
-El siguiente-dijo la chica morena de detrás
de la barra dirigiéndose a nosotros y mirándonos fijamente a ver si
reaccionábamos.
Cuando nos dimos cuenta avanzamos un poco
-¡Buenos días! ¿Qué van a tomar?-dijo con una
gran simpatía y una enorme sonrisa en el rostro.
-¡Buenos días! Para mí un frapuccino normal
de chocolate, ¿y para el caballero?-añadí cediéndole el paso a Jaime para que
pidiese.
-Para a mí…-dudo un segundo- otro igual, por
favor.
Como apenas había gente en la cafetería ella
misma nos preparo la bebida y nos la sirvió en la barra, nos dedico una última
sonrisa y se giro para seguir trabajando. Nos dirigimos a los sofás que
quedaban libres. Ambos nos sentamos y nos dirigimos una mirada un tanto
oscura…llena de ansiedad, de ganas de que me hiciese suya y el de tenerme a sus
pies. Le dio un sorbo a la bebida y dijo:
-Veo que te gustan las cosas dulces-forzó una
sonrisa y dirigió su mirada a través de la ventana, pensativo, como lleno de
dudas.
-Jaime, que piensas, dime, ¿Qué pasa?
-Lìlian, debemos y tenemos mucho sobre lo que
hablar-dijo pausadamente-limites, limitaciones, hasta donde estas…digo estamos
dispuestos a llegar.
Es cierto antes o después teníamos que tratar
todo aquello, era muy importante tanto para él como para mí. Había límites
infranqueables y otros que con la seguridad y la confianza que él me transmitía
dejarían de serlo. Pero aquel no era el momento ni el lugar.
-Claro que si, Jaime. ¿Qué te parece esta
noche después de cenar, en la terraza del hotel?-a pesar de intentar parecer
tranquila, estaba hecha un manojo de nervios, aquella situación…hablar…hablar
no era lo que mejor se me daba, pero tenía que hacerlo. Quería a Jaime, lo
quería como Amo y para ello tendría que abrirme a él y a sí lo haría.
-Me parece muy bien, cuanto antes hablemos y
lo pongamos todo en común antes te hare mía y al fin podre ponerte mi collar.
7 días en el paraíso (1º parte)
Pipipi,
pipipi...umm, me desperezo y rebusco bajo la almohada el móvil para apagar la alarma, o se despertara todo el vecindario, si no la
apago pronto. Son las 6:15, tengo que ducharme, arreglarme y llegar a la estación antes de las 8:30. Más vale que me de prisa o no llegare.
Doy un brinco
y me levanto de la cama, la hago todo le deprisa que puedo, coloco los peluches
y abro el armario, lo miro detenidamente y escojo la ropa que me voy a poner.
Saco un vaquero color blanco y una camiseta azul marina con un dibujo negro en
el centro que hace juego con mis zapatos azules marinos, mis preferidos.
Dejo la ropa
encima de la silla, enciendo la música y empieza a cantar India
Martinez, junto a ella me meto en la ducha. Abro el grifo, cojo la esponja y
comienzo a enjabonarme con mucha precisión todo el cuerpo, pongo un poco mas de
énfasis en mi entrepierna, al hacerlo rozo mi clítoris y un escalofrió recorre mi cuerpo...pero no hay
tiempo para eso, a si que, cojo el champú, masajeo mi cabeza suavemente y por
un segundo me pierdo fantaseando con lo que sucederá en el día de hoy. Me aclaro y salgo, cojo una
toalla, seco el exceso de agua que hay en mi cuerpo y me enrollo en ella, cojo
otra y sacudo grácilmente mi pelo, llenando la estancia
de gotitas. Decido dejar que se me seque el pelo al aire, a si que, devuelvo la
toalla a su lugar.
Salgo del baño y entro en la habitación, una vez allí dejo caer la toalla al suelo, abro el cajón de la ropa
interior y saco un conjunto blanco, me lo pongo y seguidamente hago lo mismo
con la camiseta y el pantalón que le cuesta entrar a causa de la
humedad de mi cuerpo. Enchufo el secador y elimino lo más que puedo la humedad de mi pelo, cojo la plancha que antes había enchufada para que fuese cogiendo temperatura y plancho mi pelo en
abundantes mechones porque se me echa la hora encima. ¡Ya está! mi pelo esta más o menos domado.
Me pongo
frente al espejo y acerco mi set de maquillaje, saco un lápiz azul y dibujo una línea lo suficientemente gruesa en el
parpado superior para que se vea, seguidamente me echo el rímel, perfilador, un poco de color en las mejillas y un sugerente rojo para
los labios.
¡Ya casi estoy! me pongo los zapatos, cojo
una chaquetita fina, mi bolso, me miro por última vez en el
espejo, me atuso el pelo y me roció un poco de perfume.
Salgo de casa
y mientras voy al coche busco las llaves en el bolso y... ¡Aquí están! en lo más hondo y escondido del bolso. Abro el coche, me acomodo en el asiento y
arranco el coche, una musiquita agradable y con ritmo sale de alguna emisora de
radio. Doy marcha atrás y me dirijo a mi destino, todo el
camino transcurre con normalidad, hasta llegar a gran avenida llena de semáforos que me desespera, apenas avanzas 100m y otro semáforo más y así hasta el final, que es donde se encuentra
la estación de tren. Pero aún no ha llegado lo peor, espero que
haya sitio cera, porque va a llegar el antes que yo a recogerle.
Empiezo a
ponerme nerviosa y comienza a temblarme el pie del embrague, al darme cuenta
respiro hondo y círculo un poco más, cuando por fin encuentro un sitio. Vaya de los nervios no atino a aparcar
el coche, adelante, atrás, giro un poco y... ¡Por fin dentro!, apago el coche y un mensaje entra en mi móvil.
"El tren esta parando
Ya estoy aquí. Me muero
De ganas por tenerte
Entre mis brazos y
Mía."
Mierda,
mierda y mil veces mierda, no me va a dar tiempo a llegar. Cojo mi bolso,
cierro el coche y echo a correr, tengo que atravesar toda la estación, por suerte es en línea recta y sin subir ni bajar
escaleras. Corro todo lo que puedo y mientras lo hago, noto como la gente me
mira impresionada de mi habilidad sobre los tacones.
Al llegar al
recibidor donde desembarcan las llegadas, me paró en seco, aún estoy algo lejos de la puerta de llegadas. Veo como empieza a salir la
gente, miro a un lado y a otro pero no lo veo, respiro hondo y de repente
aparece con una gran sonrisa. Me doy cuenta que me busca con la mirada y no
tarde ni 3 segundos en encontrarme. Se da cuenta que tengo la respiración y los mofletes algo ruborizados de la carrera, nos miramos fijamente a
los ojos por un segundo y reemprendo mi carrera hacia él. Mientras él se ha parado ya fuera de la cinta
con una gran sonrisa y los brazos en jarra, cuando estoy a punto de llegar a él abre los brazos y nos fundimos en un enorme abrazo. Cuando nos quedamos mirándonos unos segundos y rompo el silencio:
- ¡Jaime! que alegría tener aquí creía que no te vería nunca y por fin...- Debido a los nervios
y a las ganas de que llegase el momento mi voz se había roto y unas lágrimas salieron de mis ojos.
- Shss no
llores ya...- Apenas le deje acabar la frase.
- No te
preocupes son lágrimas de alegría de que no veía la hora en que llegases- Me calle y le
mire detenidamente a los ojos.
Vaya que guapísimo está y se le ve tan feliz, mientras perdía en mi pensamiento noto como la mano de Jaime se enreda en mi pelo y tira
levemente de él hacia atrás para dejar mi boca a su alcance. Se inclina y nos unimos en un apasionado
beso, nuestras lenguas bailan una danza salvaje y su mano agarra cada vez más fuerte mi pelo. La intensidad de aquel beso crecía y crecía cada vez más delante de la mirada de toda aquella gente que nos miraba sin el más mínimo reparo.
Para detener
aquel arrebato de pasión apoye mis manos en
su pecho que estaba terriblemente agitado y le empuje levemente. Al separarnos,
nos miramos, nos sonreímos y encaminamos al coche.
- Bueno, Lìlian, ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Primero
iremos al hotel para que dejes tus cosas, luego dejaremos el coche, cogeremos
el metro y pasearemos por Madrid. ¿Te apetece?- Mi voz aún sonaba muy excitada, pero es que...toda yo estaba excitadísima
-Lìlian- Jaime me agarra la mano y me acaricia- Ya estoy aquí y no pienso irme a ningún lado. Relájate o apenas llegaras al coche.
Una carcajada
salió de su boca. Vaya que sonido más maravilloso y que bien le sienta la risa a su rostro... ¡Es tan perfecto!
-Dime, ¿Donde está tu hotel?
- Ah, sí, se me había olvidado comentártelo- baja la voz y continua la frase- Mi perrita piloto.
Mis ojos se abrieron
de par en par, mientras Jaime reía y me miraba curioso. Este hombre me
vuelve loca con solo 3 palabras y ya estoy empapada.
- ¡Jaime!- grite su nombre, mientras me daba un azote- ¿Por dónde queda tu hotel?
- Ah, eso...sí...toma- Me tiende una hoja en la que pone la dirección del hotel y la reserva.
Entramos al
coche y agradezco un poco de intimidad, un poco de espacio, para él, para mí, para nosotros.
Arranco el
coche y Jaime apoya su mano sobre mi muslo y al contacto de su piel con la mía, mi bello se eriza y Jaime me mira burlón, está muy gracioso.
- Muy buena elección al del hotel, es bastante lujoso, pero siempre tiene muy buenas ofertas. Además tiene unas vistas increíbles, enfrente del mejor parque de
Madrid. ¡Eh!- Digo intentado romper aquel silencio que me tiene el
bello de punta.
- Sí, la verdad que está genial, la habitación es amplia y el baño también, aparte de eso,
arriba ahí una terraza que por la noche se ve preciosa...- Su voz a
tomado una luz un tanto oscura- ¿Qué te parece, perrita?
¡Agh! me pone enferma cada vez que
pronuncia esa palabra y él lo sabe. Sé de sobra que está jugando, lo noto en sus ojos y en la
media sonrisa que se le ha dibujado en la cara.
- Esto...sí...me parece genial, promete- conseguí decir mientras Jaime acaricia mi
pierna.
La verdad es
que aún es pronto el tren a llegado a las 8:30 y a pesar de
todo a penas vana a dar las 9:00. Ya llegamos y ante nosotros aparece el gran pulmón verde de Madrid " el Retiro”. Miro de reojo y veo como mira
embelesado el parque, me encantaría saber qué es lo que piensa, la verdad que esta guapísimo así, relajado y tranquilo.
- Jaime-
Pronuncio su nombre y lo saco de su ensoñación.
-Sí, perrita, ya lo sé, parece que hemos llegado- Me
acaricia la cara y vuelve su vista al parque.
Parece que
algo le apena, pero no es el momento, luego cuando desayunemos charlaremos
tranquilamente. Aun que imagino lo que es... pobre Jaime lo está pasando fatal. Su padre lleva un tiempo enfermo y Jaime está fatal, él intenta estar bien pero a veces se
viene abajo. Me encantaría tenerlo a mi lado siempre para poder
abrazarle y decirle que no pasa nada.
- Jaime,
vamos. Con la suerte que me has dado hemos aparcado bien cerca- Digo y le doy
un pequeño codazo que le hace sonreír.
- Venga
alegra esa cara. Mira como tu perrita mueve el culo- Me pongo delante de él y empiezo a caminar moviendo exageradamente las caderas y el culo. Lo
oigo reírse y también como acelera el paso, a si que, antes
de que llegue me doy media vuelta y ladro "guau". Jaime romper a reír por que en ese mismo momento pasa un hombre que nos miró y sonrió amistosamente.
-Lìlian, eres de lo que no hay, deberás- Dice intentando ponerse serio, pero
apenas lo consigue.
Río a carcajadas mientras hago de rabiar un poco a Jaime.
Llegamos al
hotel y nos recibe un enorme hall decorado con muy buen gusto. A la derecha del
hall se encuentra la recepción, a la que Jaime se dirigió nada más llegar, mientras yo andaba
curioseando de aquí para allí. Unos sillones de piel carísimos, unas lámparas enormes colgadas del techo y unas preciosas escaleras cubiertas con
maqueta roja llamaron mi atención. Parecían las de un cuento,
cualquiera se sentiría una perrita con suerte bajando de la
mano de su amo por esas escaleras.
-Lìlian ¿Me acompañas a dejar esto en la habitación?- Dice Jaime desnudándome con la mirada. ¡Dios! me vuelve completamente loca.
-¡Sí! ya voy- llego y pulso antes que él pueda hacerlo el botón del ascensor- Lo miro y le saco la
lengua.
- Mmm, veo
que estás muy contenta ¿A qué se debe?- Pregunta
con una gran ironía.
Y siguiéndole el juego le digo:
-¡oh, Jaime!, ¿Deberás que no lo sabes?-
Le digo mientras me mira con los ojos muy abiertos- Pues deberías ¡por que el motivo eres tú!- Le digo mientras
le señalaba con el dedo y movía un pie a la vez.
Jaime se reía mientras se acercaba a mí. Esa sonrisa no presagiaba nada
bueno, o quizás, sí quien sabe.
- Señorita, ¿Le parece bonito apuntar a su Amo con
el dedo?- Decía mientras seguía acercándose a mí.
-
Yo...esto...yo... ¡Auch!- Jaime me había agarrado la muñeca se llevo la mano a la boca y me mordió el dedo.
- A sí aprenderás a no señalar, es de mala educación- El rostro le cambio por completo y
su mirada se volvió oscura.
Jaime se dio
la vuelta y empezó a acomodar su ropa en el armario,
mientras le observaba atónita desde la otra punta de la habitación.
- Lìlian, ven aquí perrita mía- Levanto la vista me miró y me dio la orden, acto seguido volvió a lo que estaba haciendo.
- Ya estoy aquí, Jaime. ¿Te ayudo?- Le dije sin apartar la
vista de aquello... esta colocando los juguetes...unas cuerdas, una mordaza, un
gato, una fusta...
-No, no hace
falta que me ayudes- Sacó una colchoneta que parecía para un perro- Siéntate ahí. Lìlian ¿Cómo acordamos que te dirigirías a mi? ¿Con la palabra Amo, verdad?
¡UFF! que calor, creo que me estoy
poniendo roja y además siento una presión horrible en el pecho. ¡Maldita timidez! Agacho la mirada y
jugueteo con mis manos, cada vez me siento más nerviosa. Esto me
recuerda a aquel momento... en que creía que perdía a Jaime, mis ojos me arden. No, no voy a llorar. Al fin termina de
colocar sus cosas, me mira fijamente y me coge la cara entre sus manos
-Lìlian, escúchame y no te pongas así, por favor- Su gesto se volvió más dulce y tomo más tranquilo- Se que te cuesta y lo entiendo ¿Vale? No pretendo
que me llames Amo a todas horas del día, ni en público tampoco. Sé que eres muy lista y tú sabes cuándo es ese momento. Lìlian te he visto mirarme y veo como me deseas y sé que tú ves lo mismo en mis ojos. A sí que no te voy a presionar, está en tus manos, confió en ti ¿De acuerdo?- No había parado de acariciarme la cara y en algún momento el pelo también. Es tan bueno, tan comprensivo...como negarse. Aunque me cueste ¡Lo haré!
-Sí, Amo-Lo digo tan bajito que no estoy segura de si me ha escuchado.
- Muy bien,
perrita. ¿Ves como no es tan difícil?- Me revuelve el
pelo, saca algo de ropa y se va al baño.
Se da una ducha
rápida y cuando sale del baño tiene el pelo
mojado y gotitas de agua recorren su cuerpo. Es tan sexy...moriría mil veces por este hombre. Suspiro y siento la humedad y el calor entre
mis piernas.
Se pone a mi
lado y dice:
- Muy buena
perra- y deja caer la toalla que le cubría de cintura para abajo.
Mis ojos se
abren todo y más, allí esta su miembro en
reposo como un rey que descansa en su trono.
-Lìlian, levántate por favor- me ordena con algo
oscuro en su voz y al instante estoy de pie. Me siento tan pequeña a su lado...pero me encanta.
Comienza a
besarme salvajemente, apenas me deja respirar me aprieta con fuerza hacia él. Cuela sus dedos entre mi larga melena y tira de ella fuertemente hacia atrás
-Lìlian quítate la ropa, solo los pantalones y el
tanga- Suelta bruscamente mi pelo y hago lo que me dice sin rechistar.
-Mmm, a sí me gusta, expuesta para mí, para usarte cuando quiera.
Me agarra un
brazo con fuerza y lo miro mientras muero de ganas por qué me haga suya. No puedo más, siento que voy a explotar cuando
con su otra mano empieza a acariciar el hueco entre mis pechos y comienza a bajar
por mi cuerpo. Acaricia mi vientre y rodea con dos dedos mi ombligo, mientras sonríe maliciosamente. Estoy tan mojada que no necesito mas estímulos, cuando Jaime...
- ¡Aah!- Un gemido sale de mi boca cuando Jaime introduce dos dedos en mi
vagina sin previo aviso.
-Mmm, muy
buena perra, me encanta que estas a si de mojada, a si de preparada- Continua
metiendo y sacando sus dedos en mi vagina y cada vez lo hace más deprisa, los músculos de mi vagina se contraen cada
vez que los clava en lo más hondo.
Ahora combina
los embistes con sus dedos, mientras realiza círculos con su pulgar
en mi clítoris. ¡Dios! no puedo más, no voy a aguantar, cuando de repente recuerdo que hablando unos días atrás Jaime me había dicho que nada de correrme sin pedirle
permiso. ¡No puedo más!
-Pu...pue... ¿Puedo correrme, Amo?- Jaime ralentiza el ritmo mientras me mira a los ojos.
-Muy bien
perrita, pero no, no te vas a correr, no ahora- Saca los dedos de dentro de mí y gruño levemente. Tiene los dedos empapados.
-Lìlian, limpia bien los dedos, por favor- Me incorporo, me acerco a él y lamo bien los dedos pasando mi lengua de arriba a abajo y metiéndomelos en la boca.
-Muy buena
perra, ahora lávate y vístete, nos vamos.
Me bajo de la
cama, recojo mi ropa del suelo y me voy al baño, entro y cierro la
puerta. Tiene bidé, ¡gracias al cielo!,
abro el agua fría y lo lleno hasta la mitad, cojo un
sobrecito de jabón y me lo echo en la mano. Me siento
en el bidé, hundo mi mano en el agua fría y me lavo bien. La verdad, es que, agradezco mucho el agua fría, tenía el clítoris a punto de explotar y esto se
agradece mucho. Me enjabono bien, me aclaro y me seco. Me visto dentro del baño, lejos de los ataques de pasión de Jaime.
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