Eran las 21:45 de una desapacible noche de invierno. El sol ya se había ocultado, las farolas estropeadas no alumbraban el camino junto al río y llovía a cantaros. A penas había un par de transeúntes y en un banco empapado por la lluvia estaba ella. Llevaba un bonito abrigo gris de paño, ahora empapado y que parecía pesar una tonelada, debajo escondía un vestido sin mangas de color blanco y negro, ajustado debajo del pecho y volando encima de sus caderas hasta la altura justa de las rodillas. Dentro pegado a su piel se hallaba un precioso conjunto de lencería verde con encaje y en sus pies unos zapatos negros, pero, no, no llevaba medias, llevaba unos calcetines que quedaban justo a la altura del tobillo y terminaban en una preciosa cinta con un lazo en la parte de atrás.
A esas horas del día ya todo daba igual la habían despedido de su trabajo y a penas le quedaban sueños y ganas en la mochila como para seguir con aquella lucha estúpida y a contracorriente.
Hundida en sus pensamientos levantó la vista y miró fijamente el agua mansa del río… todo en calma… todo parecía tan normal… como si no importase nada lo que acababa de suceder, asique rompiendo en un lamento las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos y con aquel grito los pájaros que rondaban por allí volaron lejos, pero daba igual, que se fueran… que se fueran y no volvieran más, como todo el mundo hacía cuando conseguían lo que querían.
La rabia palpitaba en su interior y lo único que quería era echarse en la cara al estúpido de su jefe y decirle cuanto le había destrozado la vida – Maldito cabrón. ¿Quién se habrá creído? – y cuando fue a golpear el suelo de un pisotón notó una mano en su hombro, por un segundo su corazón perdió el compas y su respiración se helo-
-¿Qué te pasa pequeña, quien o que perturba tu calma? -dijo él sin despegar la mano de su hombro y acercando su boca al oído de ella.
-Palideció su rostro mientras continuaba mirando el suelo intentando controlar sus impulsos.
-Tú…. ¿Cómo te atreves…? ¿Qué demonios haces aquí? - Dijo entre dientes, mientras con una de sus manos agarraba tan fuerte su teléfono que estaba segura de que lo haría estallar en cualquier momento.
-Solo vengo a ayudarte… déjame que te ayude-Contestó mientras acariciaba su hermoso cuello.
-Ayudarme!, pero será posible. ¡Lárgate de aquí! Esta lloviendo y te estás mojando estúpido- Sus ojos llenos de ira se clavaron en él y su brazo se levantó para propinarle un guantazo a su víctima, pero a mitad del acto la mano de él paro en seco su brazo agarrándolo y haciéndolo bajar con brusquedad.- Pero ¿qué piensas que haces? ¿De verdad me ibas a pegar? ¿o solo buscas lo de siempre? Eres insoportable ¿No te das cuenta?... Todo lo rompes- Y dos lagrimas surcaron el rostro de aquel joven empapado por la lluvia también
-Pues márchate, nadie te ha pedido que vengas, es más, te dije que no vinieses que no hacía falta, que me apetecía estar sola. ¿No lo entiendes?
-Ya basta con esta estúpida conversación, estas empapada y tú cara…tú cara es un cuadro. Vamos Lúlu levántate y camina- Pero ella seguía allí sentada mirando al río como esperando una señal. – ¡Maldita sea Lúlu! – La cogió en brazos y se la hecho al hombro mientras ella pataleaba y le daba puñetazos en la espalda
Llegaron al coche, la dejó en el asiento y cerro la puerta, luego él subió donde el conductor y arrancó, puso la calefacción y subió la música, no quería oír nada, ni siquiera sus pensamientos. Pasado unos 10 minutos Lúlu poso su mano sobre la pierna de Guzmán y él bajo el sonido de la radio.
-Lúlu, sabes de sobra que no tiene sentido que te pongas así por un trabajo donde no te valoraban y del cual muchas veces tú misma te has querido marchar… ¿Lo sabes verdad? – Pero ella no dijo nada solo dejo la mano sobre su pierna, mientras calmaba su llanto e intentaba serenarse.
Ella era consciente de todo lo que podría pasar al llegar a casa… de las consecuencias de sus actos, de sus impulsos, de sus rabietas…. Y de ese comportamiento anodino que últimamente arrastraba ante todos y ante todo y más ante la persona que la había cuidado y querido como si del regalo más delicado se tratase.
Hacia mucho que el no la tocaba, que no la hacía suya, pero bien es cierto que hacia aún más que ella no mostraba ningún interés en las sesiones, aunque, siempre le había profesado un gran respeto y admiración y nunca le había levantado la mano, ni se la hubiese ocurrido. Al caer en lo que había hecho sintió una horrible vergüenza y un sentimiento de culpa la asolo. Dejó de mirar por la ventana para mirarlo a él.
Guzmán tenía los ojos rojos de haber llorado, en sus mejillas se podía ver aún el rubor y su respiración aún estaba un poco agitada – Lo siento, lo siento mucho, cuanto te he defraudado – pensó mientras acariciaba la mejilla de Guzmán. Él solo miraba la carretera, parecía evitarla a toda costa, de repente disminuyó la velocidad del vehículo exageradamente al entrar en el camino que conducía a la entrada de su casa. Lo detuvo y la miró a los ojos. - ¿Qué crees que haces Lúlu? ¿Cuál es tú propósito? A caso ¿Quieres que me marche?
-Lo siento, lo siento mucho, te he defraudado. Guzmán… no tengo ningún propósito y menos aún quiero que te marches, no me imagino la vida sin estar a tú lado- Su mente iba a mil pensamientos por segundo ¿La iba a dejar? ¿De verdad Guzmán se iba a marchar? ¿Se quedaría sola? ....
Él puso de nuevo el coche en marcha y en menos de 5 minutos ya estaban en casa. Se bajó y fue a recogerla, ella no le había visto y la puerta impactó contra él haciéndole soltar un quejido -Auch, estas loca ¿pero que haces? - y una sonora carcajada rompió el silencio de la noche – Perdón mi señor, mil disculpas, yo… no le había visto – Los ojos de Guzmán se clavaron en Lúlu… hacía meses que no le llamaba señor.
-¿Sabes una cosa? Estas preciosa así, empapada, con la cara echa un desastre y él pelo enmarañado- Esa sensación…vaya ahí estaba otra vez… cuanto hacía que no la sentía
-Gracias mi señor, pero en la calle hace frío, ¿qué le parece si entramo dentro? – Deseaba y necesitaba que Guzmán no la odiase por lo de aquella noche y la hiciese suya
-Claro Lúlu pasa, adelante. Dame tú abrigo, Descálzate y quítate los calcetines. Te voy a traer una toalla, pero no quiero que te quites la ropa, solo sécate lo máximo posible y ponte cerca del radiador.
-Si, señor- Lo miró alejarse y sintió crecer de nuevo ese sentimiento en ella, en su vientre y en sus mejillas.
Guzmán le entrego la toalla a Lúlu y se quedó con otra para él, ambos se secaron, pero el además se despojo de todo menos de la ropa interior – De rodillas Lúlu – y acto seguido allí estaba ella de rodillas y con los ojos brillantes mirando a su Amo.
-Dime Lúlu, ¿Qué deseas? – Su sonrisa era enorme y se sentía orgulloso de tenerla de nuevo ante él – Deseo… deseo que me haga suya… y que me perdone por lo que ha pasado… nunca más me volveré a apartar y le pediré ayuda. No se vaya de mi lado – cogió su rostro entre sus manos se arrodillo y la susurro al oído – Tranquila Lúlu no me voy a ir a ningún lado – La beso dulcemente lo labios y se levantó de nuevo. – Y bien Lúlu, ¿no deseas que te quite toda esa ropa mojada y te haga mía?.-Suya Señor, toda suya – Entonces Guzmán se agacho y la dio una bofetada, la mordió el labio y la quito el vestido dejando al descubierto el precioso conjunto de lencería- Siempre tan bonita, siempre preparada.
Guzmán se sentón en un sillón e invitó a Lúlu a sentarse encima de sus piernas, la azotó y la azotó como más la gustaba. Con la mano, piel con piel. El culo de ella ardía pero solo quería más y más estaba ansiosa y él podía percibirlo, asique sería la guía de aquel caballo desbocado.
-De rodillas- Ella se postró ante él y esperó que moviese ficha- Preciosos pezones y creo que me han echado de menos… - empezó a jugar con ellos, caricias, pellizcos… se agacho y se los metió en la boca, jugó con su lengua y mientras los chupaba y los mordía Lúlu se estremecía y gemía.
Guzmán dirigió la mano a la entre pierna de su compañera y noto lo empapada que estaba, comenzó a masturbarla, Lúlu se deshacía en la manos de su Amo, mientras el mordía con ganas sus pezones o los chupaba - ¿Pu… Pue… Puedo correrme Señor, por favor? – Un poco más Lúlu, aguanta un poco más- No.. no.. No puedo, por favor Señor – Adelante Lúlu córrete, córrete para mí – Y ella estalló en placer empapando la mano de Guzmán y dejando constancia de que él conocía muy bien sus puntos débiles.
La temblaban las piernas y su corazón iba a escapar por la boca si seguía latiendo así – Tranquila Lúlu, ven aquí - Guzmán acercó a ambos al calor del radiador, la acarició el pelo y la beso la frente – Siempre así, siempre mía – Ella lo miró con ternura y le preguntó – Y ¿usted señor? – Mí Lúlu ahora solo descansa de mí nos ocuparemos en otro momento y allí se quedaron al calor del radiador un rato disfrutando el uno del otro, enfrascados en un abrazo después de todo
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