jueves, 4 de febrero de 2021

Las seis y media

piii pipipi pipi piii .... apenas son las 6:30 de la mañana y el despertador rompe el silencio de la madrugada para sacar de su letargo a la pequeña guerrera.


-¡Noo!, joder... odio madrugar- se revolvió bajo las sabanas y pataleo para desprenderse de ellas.-¿ Y tú... de que te ríes, a caso piensas que no te veo?- y acto seguido mordió el hombro de su compañero de cama.


-Eres una niñata, caprichosa y quejica ¿De veras puedes soportar ese humor de buena mañana?


Ella se encontraba sentada al borde de la cama con sus piernas colgando y balanceandose, sin ningún ánimo para ponerse en marcha, a si que él tiró de su brazo y la dejo de nuevo tumbada en la cama, se sento a horcajadas sobre ella y la apretó las mejillas.


-Anda, ven aquí, mi niñata repelente con caracter inaguantable desde primera hora- Y sin darla tiempo a replica la beso dulcemente los labios, mientras sus manos se rovolvian intensas bajo esa ropa interior de niña con dibujitos de dumbo.


-Ya... para bobo, que voy a llegar tarde y a ver como explico esto en la reunión- Decía mientras la risa se escapaba de sus labios y sus piernas comenzaban a temblar en las manos de aquel mago.


-No pasa nada, puedes decir que habia muuuucho tráfico y que ocurrió un accidente, como el que habrá en las sabanas dentro de poco.


-Claro... Siempre que...- Una mano se posó en su boca y una risa estalló en el silencio de la mañana.


-¿Será posible? callá de una vez y disfruta, que papi quiere ver a su nena contenta antes de ir a trabajar. Que sepas, que luego rendiremos cuentas de ese bobo, esa lenguan tan larga de niñata irreverente y esos dientes traviesos.


Con aquellas palabras el bello de Cristin se erizó y empezó a sentir como el mundo escapaba a su control.


-Muy bien pequeña, sigue así disfruta para papi, regalame tú placer.


De nuevo la mano de él tapaba suavemente su boca para ahogar los gemidos de su garganta y no romper aquella intensa calma.


Cristin sintió como en su vientre una bola de fuego empezaba a arder poco a poco y cada vez quemaba más y más, hasta que explotó en las manos del gran mago... de SU MAGO. Una vez más empapo las sabanas de placer y sudor, de ganas y pasión, de ambición, de ambición por ser suya. Su pequeña, su niña rebelde, la insurrecta, la incontrolable... La misma que con una mirada del mago se volvia peuqeña y dulce, tierna y complaciente, la guerrera que encontraba la paz.



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