lunes, 30 de junio de 2014

El castigo de Coco

Umm, ese olor yo... Yo lo conozco. Huele a vainilla y a rosas, además esto que siento bajo mi cuerpo está más duro y frio que la cama...Umm, ¡Ya se!, seguramente sea Giovani y alguna de sus travesuras.
Hago un ademan de estirar los brazos para palpar lo que tengo a mi alrededor, pero... ¡Uí!  tengo los brazos y las manos inmóviles por lo que parece ser al roce con la piel una cuerda.
Abro poco a poco los ojos hasta conseguir ver algo en aquella oscura habitación, iluminada únicamente por la tímida luz de unas pocas velas. Me revuelvo un poco y busco a Giovani en la penumbra, no logro encontrarlo, hasta que una mano roza mi cuerpo y una suave voz me susurra:
-Tranquila princesa, el juego está a punto de comenzar- Me acarició la cara y se marchó nuevamente. Al rato apareció y se sentó a mi lado ocultando lo que traía en las manos.
-Cierra los ojos y siente-Exclamo severamente.
Cerré los ojos y acto seguido algo suave acariciaba todo mi cuerpo. Desde los parpados, pasando por mis pechos y hasta llegar a mi sexo.
-¿Sabes qué es, Coco?-Pregunto traviesamente, mientras me hacía estremecer acariciando mi sexo con la rosa.
-Si, Amo, es una rosa-Conseguí pronunciar mientras me dejaba provocar por el sensual roce de aquella hermosura.
-Y, ¿Sabes qué más utilidades tiene aparte de darte placer, Coco? -Preguntaba mientras sonreía de medio lado y poniendo cara de interesante.
-Sí, Amo... darme más placer aún-Dije sabiendo muy bien que aquello tendría sus consecuencias.
- ¿A, sí? ¿Y cómo es eso, Coco? ¿Estas segura de que te dará aún más placer? ¿O a los 20 azotes cuando notes las espinas clavarse en tu piel y agrietarla, mientras comienza a sangrar poco a poco, romperás a llorar como un bebe? -Pregunto inquisitivamente, clavando sus oscuros y tenebrosos ojos en los míos y haciéndome sentir arrepentía de aquel comentario.
Se acerco a mi cara, me acarició, cogió mis brazos y los desató suavemente, seguidamente los masajeo para aliviar las marcas producidas por las cuerdas, e hizo lo mismo con las muñecas. Acerco su boca a mi oído y me dijo muy bajito:
-Coco, ponte a 4 patas, que vamos a probar el placer que causan las espinas sobre tu piel...- y dejo caer el peso de aquella frase sobre el poco orgullo que me quedaba intacto.
Sin pensarlo dos veces, me di la vuelta y me posicioné a cuatro patas ofreciendo mi cuerpo a mi Amo. Sabía de sobra lo que vendría ahora y aunque con bastante respeto, deseaba si ninguna duda aquel momento.
Muy lentamente recorrió mi espalda, hasta llegar a mi pelo, enredo sus dedos en él y tiro bien fuerte hasta dejar el cuello en tensión. Con la mano que tenía libre acaricio mi culo, para acto seguido coger la rosa y comenzar a azotarme con ella. Al principio apenas notaba el contacto de los pinchos con mi piel, pero según aumentaba la intensidad y el ritmo de estos, mis nalgas comenzaban a resentirse, mis ojos comenzaban a inundarse de lágrimas.
Un movimiento repentino de todo mi cuerpo en respuesta a uno de los azotes, saco a mi Amo de su gran estado de concentración.
-Vaya... ¿Qué le sucede a mi hermosa perrita? ¿Te duele, Coco? -Preguntó en un tono tan dulce que derritió todo mi cuerpo-Pues aún quedan cinco más, y no quiero que te muevas...podrías hacerte daño...-Acto seguido sentí como los pinchos que había en aquella hermosa flor rompían mi piel, dejando caer al suelo unas diminutas gotas de sangre.
Las lágrimas desbordaban mis ojos y mi cuerpo se estremeció. Soltó mi pelo y extendió su mano hasta mi cara para secar mis lágrimas y susurrarme muy despacio:
- Ya solo quedan 4 debes aguantar, aún no he terminado contigo, Coco.
Fueron los cuatro azotes más largos en mucho tiempo, se entretuvo, se tomó su tiempo. Acaricio y beso mis nalgas entre azote y azote, la fuerza que ponía era mayor que otras veces. Era obvio que pretendia darme una lección, pero a pesar de todo aquella sensación resultaba casi placentera. Al terminar dejo la rosa apoyada a mi lado y dijo:
-Ahora quiero que vayas a la cama y te tumbes boca abajo, quiero limpiar y aliviar tus heridas. Debes saber que la sesión a terminado. Era un castigo que tú misma te ganaste pulso, así que, la próxima vez piénsalo bien Coco

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