Vaya mañana no he parado ni un momento. He ido a clase, he llegado a casa y me he puesto a preparar la comida y a recoger y el ha pasado volando. No me he enterado pero estoy bastante cansada, anoche no he dormido más que tres horas y lo iré achacando a lo largo del día. Pero ahora es mi momento, me siento y escribo, escribo todo lo que imagino contigo.
Masajeas bruscamente mis pechos entre tus manos, y oigo tu respiración alterada, noto como tu pecho se eleva muy rápido sobre mi espalda. Hace un calor inmenso y ambos estamos sudando. Intento mover mis brazos y no puedo, agudizo mi oído y no escucho nada y mucho menos puedo ver algo…. Vaya que juego te traes entre manos.
Pronto se esclarecen mis pensamientos, pues noto como tus manos desatan el nudo de un trozo de tela de satén que cubría mis ojos y no me dejaba ver. Al dejar caer el trozo de tela, en sol resplandeciente ciega mis ojos y tardo un rato en acostumbrarme a la luz. Al abrir los ojos descubro que nos encontramos en medio del bosque, en un lugar inhóspito y precioso. Puedo ver un riachuelo a nuestra izquierda y nosotros estamos rodeados de una hierba de un color muy vivo y unos árboles enormes.
Trato de centrar mi atención en ti, te busco y te encuentro. Estas allí, enfrente de mí, resplandeciente con tu cuerpo desnudo deslumbrándome. Es una imagen que nunca me canso de ver, el sudor hace que tu torso brille.
Zas!, me das una cachetada en la cara y me dices que te preste más atención que llevas un rato ahí de pie.
Vaya no me lo esperaba. Ha picado, pero la cachetada hecho que despierte y me encuentre más alerta.
Coges tu polla entre tus manos y la pasas por mi boca, rodeas mis labios con ella y saco mi lengua para poder saborearte. Cuando sientes mi lengua lamer tu polla sueltas un gemido y comienzas a masturbarte mientras te chupo con intensidad los huevos.
Me ordenas que me ponga de rodillas lo mas estirada posible y así lo hago, obedezco gustosamente pues no quiero que te enfades. Al hacer esto mi boca queda a la altura de tu gran erección. Busco tus ojos esperando una orden, sonríes y con tu mano empujas mi cabeza hacia delante y comienzo a chupártela y a jugar con mi lengua. Cuando llego a la punta la succiono y de tu boca salen pequeños gemidos. Guías mi ritmo con tu mano sobre mi cabeza, Cuando quieres más deprisa lo marcas y cuando quieres más despacio agarras mi melena y así frenas el movimiento de mi cuello. Pasado un rato, sacas tu polla de mi boca y te agachas hasta que nuestros ojos se encuentran, dirijo mi mirada a tus labios quiero besarlos…. Descubro que dices algo, consigo adivinar que dices y sonrió. Me besas salvajemente y arañas mi espalda con tus uñas mientras la intensidad de aquel beso crece.
Me tumbas sobre la hierba colocas mis manos esposadas sobre mi cabeza y comienzas a jugar con mis pezones los pellizcas estiras de ellos y a continuación los chupas y los muerde. Los has dejado muy sensibles y con el simple hecho de que los roces gemidos mezcla del dolor y el placer creados por aquella situación salen de mi boca. Mientras que con la otra mano tienes dos dedos dentro de mí y los mueves muy deprisa, mi sexo está muy húmedo y enseguida pide más. A sí que muy seguro de ti mismo introduces dos dedos más dentro de mí y un intenso gemido se desborda de mi boca. Te deseo dentro de mí ahora mismo. En ningún encuentro había dicho nada, me había mantenido callada y cautelosa. Observaba tus movimientos y no quería incomodarte, pero ahora sabía que esto no te molestaría, asique me arme de valor y te dije que te necesitaba que dentro, que si por favor podías llenarme de ti que no aguantaba más. Como no podía oír creo que use un tono de voz un tanto débil, pero lo suficientemente alto para que lo escuchases. Tus ojos cambiaron al instante y tu mirada se lleno de una intensidad incontrolable. Cuando fijaste tu mirada en la mía sabia que algo querías decirme asique mire fijamente tus labios y me puede leer algo así como – Así me gusta…- y el resto se desvaneció.
Me ordenaste ponerme a cuatro patas y te colaste de tras de mí. Me penetraste lentamente, como saboreando cada milímetro que te adentrabas en mí y dejándome saborear aquel momento. Mientras marcabas el ritmo, acariciabas mis nalgas y las golpeabas simultáneamente. Me encantaba aquel momento, con la mano libre buscaste mi clítoris y empezaste a masajearlo. Madre mía! No podías más iba a explotar y después de un par de embestidas más y aquel movimiento sobre mi clítoris que me volvía loca, estalle de placer y tu lo hiciste conmigo. No podía verte ni oírte pero sentí como tu ritmo se aceleraba y tu cuerpo se tensaba, tu polla se hinchó y me llenaste de ti.
Ambos caímos derrotados sobre la hierba, apoye mi cabeza sobre tu pecho y tal como habías llegado te fuieste….
No hay comentarios:
Publicar un comentario